San Aníbal María de
Francia
Apóstol de la Divina Voluntad
Fuente: Biografía
de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta escrita por el Padre Pedro
Rubio hdv.
“Cuando todo lo haya completado confiaré
a mis ministros mi reino, a fin de que como segundos apóstoles
del reino de mi Voluntad hagan de anunciadores. ¿Crees tú
que sea casualidad la venida del Padre Di Francia, que muestra
tanto interés y que ha tomado en serio la publicación
de lo que se refiere a mi Voluntad? No, no, lo he dispuesto yo,
es un acto providencial de la Suprema Voluntad que lo quiere como
primer apóstol del Fiat Divino y anunciador de él,
y como es fundador de una obra es más fácil que se
acerque a obispos, sacerdotes y personas, y también en su
mismo instituto para anunciar el reino de mi Voluntad, y por eso
lo asisto tanto y le doy luz especial, porque para entender mi
Voluntad se necesitan gracias grandes y no pequeñas luces,
sino un sol, para comprender una Voluntad Divina, Santa y Eterna,
y gran disposición por parte de a quien le viene confiado
este oficio.” (Jesús a la Sierva de
Dios Luisa Piccarreta. Volumen 20, Noviembre 6 de 1926).
Las enseñanzas que Nuestro Señor le dio a la Sierva
de Dios Luisa Piccarreta sobre la Divina Voluntad, lucieron que
en el P. Aníbal su espiritualidad fuera asumiendo una nueva
característica, que llegó a transformar toda su vida
interior, por lo que bien podemos decir que fue uno de los primeros
Hijos de la Divina Voluntad y por lo tanto uno de los primeros
apóstoles de la Divina Voluntad.
El P. Aníbal conoció a Luisa por
el año de 1910, y por 17 años esta amistad espiritual
se fue intensificando siempre más, como veremos, hasta el
día de su nacimiento al cielo el 1 de junio de 1927.
Se le encontraba muy frecuentemente en casa de
Luisa, de quien era confesor extraordinario, y en sus últimos
años, fue designado por el Arzobispo de Trani director en
todo lo que se refería a sus escritos, en vista a su publicación,
y por tanto fue nominado Censor Eclesiástico de la Arquidiócesis
de Trani-Barletta-Bisceglie.
Así mismo fue el primero que dio inicio
a la publicación de los escritos de Luisa, siendo el primero
de estos el libro de «Las Horas de la Pasión de Nuestro
Señor Jesucristo », escrito por Luisa hacía
los años de 1913-1914, y del cual el Beato Aníbal
hizo cuatro ediciones (1915, 1916, 1917, 1921) todas con el nihil
Obstat y el Imprimátur.

Portada del libro « Orologio de la Passione
di Nostro Signore Gesú Cristo», del que fuera la primera
edición publicada en 1915,
por San Aníbal María de Francia, traducido al español
como «Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor
Jesucristo».
Entre los testimonios que conservamos de su relación con
Luisa se encuentran sobre todo varias cartas escritas por san Aníbal
a Luisa durante los dos últimos años de su vida (1925-1927),
de donde tomaremos algunos párrafos para mostrarles cómo
la Divina Voluntad se fue haciendo camino en su alma.
En todas sus cartas el P. Aníbal refleja
claramente cómo la Divina Voluntad pasó a ser el
centro de su vida, de su espiritualidad y su única razón
de existir; he aquí algunos párrafos que lo evidencian:
« Actualmente en mi meditación de
la mañana—escribe—, además de las “Horas
de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”,
leo con mucha calma y reflexión dos o tres capítulos
de sus escritos sobre la Divina Voluntad y las impresiones que
recibo son intimas y profundas. Yo veo en ellos una ciencia sublime
y divina, aunque aún no la he podido penetrar totalmente
por mi falta de inteligencia. Son escritos que es necesario que
ya se den a conocer al mundo. Creo que harán muchísimo
bien. Por cuanto sublime es esta ciencia de la Divina Voluntad,
tanto más estos escritos dictados por el cielo, presentan
más clara y pura esta doctrina. Y según mi parecer
ninguna inteligencia humana habría podido formularlos ».
« Sigo leyendo sus escritos: son siempre
revelaciones sublimes, comparaciones dignas del Divino Creador;
como por ejemplo la del latido del corazón comparado al
acto único del Fiat Divino ».
Y cuando decimos que la Divina Voluntad llegó
a polarizar del todo su espiritualidad y toda su vida tanto interna
como externa, no es que sea nuestro modo de ver sino que son palabras
suyas. Y esto podemos verlo en el siguiente párrafo, de
donde también se puede deducir claramente hasta donde quiere
llegar la Divina Voluntad en las almas en las cuales quiere reinar:
« Sepa que yo ya no me ocupo casi para nada
de mis institutos desde que me he dedicado totalmente a la grande
obra de la Divina Voluntad. Hablo de ella con personas espirituales,
me entretengo sobre este asunto con quien mejor puedo, hago la
mayor propaganda que puedo, incluso en mis institutos ... »
El
Padre Aníbal, conforme iba penetrando en la espiritualidad
de Luisa, se iba dando cuenta de la necesidad de dar a conocer
al mundo todos los escritos que Nuestro Señor le había
hecho escribir a Luisa sobre la Divina Voluntad, para que el Reino
de Dios apresurara su venida sobre la tierra y que la Divina Voluntad
se hiciera como en el cielo así en la tierra; por lo que
la Divina Providencia quiso que fuera nombrado no solamente director
espiritual en todo lo referente a los escritos de Luisa y a su
publicación, sino también Censor eclesiástico
de éstos:
« Su Excelencia Mons. Arzobispo me ha dado
autoridad sobre ud. en lo que respecta a sus escritos y a su publicación,
es decir, de dirigirla a ud. y de ocuparme de la publicación
de sus escritos. "Pues lo creo justo" me dijo el señor
Arzobispo.
Estas facultades abrazan todo lo que ha escrito
ud. hasta ahora y lo que escribirá en el futuro.
El Señor Arzobispo se ha complacido en poner
en mí tanta confianza para este trabajo—habiéndolo
así dispuesto Jesús bendito—, que me nombró
Revisor Eclesiástico para las publicaciones de sus tres
Diócesis, y llegó hasta comprometerse a poner con
su autoridad el Imprimátur a mi Nihil Obstat.
Por todo esto puede ud. concluir muy bien que todo
ha sido Voluntad de Dios, y que ud. en todo lo que respecta a sus
escritos, sean presentes que futuros, está perfectamente
bajo mi exclusiva obediencia. »
Y así dándose cuenta de toda la importancia
de dichos escritos de cielo, le impone a Luisa una dura obediencia
que ya hasta aquel entonces Luisa había cumplido fielmente
por orden de sus confesores, pero que desde ahora se haría
más dura para ella:
« Desde hace algunos días leyendo
sus escritos me llamaba la atención la notable distancia
que pasaba entre un capítulo y otro. A veces ud. pasa 10
o 15 días sin escribir. Y me preguntaba: ¿pero es
posible que en estos grandes intervalos no haya pasado nada entre
el alma y Jesús? ¿Es que cesan por tanto tiempo las
comunicaciones? ¿Que no hay nada que referir en esos períodos?
¡Quién sabe cuántas cosas calla el alma!
Y mientras estaba pensando esto, me sucede que me encuentro en
el capítulo del 4 de Mayo de 1906 del volumen VII y leo
estas palabras que Jesús le dice:
“Hija mía, quiero que seas más
precisa, más exacta, que manifiestes todo cuando escribes,
porque muchas cosas las sobrepasas, a ti te sirven aunque no las
escribes, pero muchas cosas que tú descuidas deberán
servirles a los demás.” »
« Así pues—escribe el Padre—,
en vista de la Divina Voluntad que aquí se manifiesta y
que tantas veces se ha manifestado de igual modo, yo, a nombre
de Jesús y por la autoridad que me ha sido conferida por
vuestro superior eclesiástico, le doy la absoluta y enérgica
obediencia de que día por día, noche por noche, vez
por vez, escriba con precisión totalmente todo lo que sucede
entre ud. y Jesús, aunque sean las cosas más íntimas.
Fíjese bien que no sólo las palabras que Jesús
le dice debe escribir exactamente, sino que también las
luces infusas, incluso lo que le hace comprender sin hablarle...
»
« Quiero decirle para tranquilizar su conciencia,
que la obediencia de escribir todo no es bajo pecado grave, sino
sólo para complacer mayormente a Jesús adorable y
para su mayor gloria, para su santificación y para el bien
de las almas. Pero cuando descuide totalmente de escribir, la culpa
será grave».
En vista de esta nueva obediencia, si hasta entonces
ya Luisa escribía tantísimo, de ahora en adelante
sus escritos se multiplicarán mayormente, pues con toda
fidelidad Luisa nunca descuidó esta obediencia; aunque en
muchas ocasiones le costó tanto, sobre todo por tener que
escribir cosas muy íntimas de sí misma, como varias
veces se lee en sus escritos. Escribe el Padre:
« La señora obediencia le impone a
ud. que escriba todo, todo cuanto el Señor le revela, nada
se le debe escapar. Es palabra de la sabiduría increada
y una sola palabra vale más que todo el universo. Así
pues, no le es lícito descuidar ni siquiera una sola sílaba.
Si no es ud. exacta en esta obediencia haré que le sea dada
mayor autorización de parte de su Arzobispo ».
Siendo ya Censor Eclesiástico de la Arquidiócesis
de Trani, escribe el Santo:
« Ayer viernes primero del mes dedicado al
Sagrado Corazón de Jesús, le doy la noticia de que
le presenté a Nuestro Señor el Volumen 3 que terminé
de revisar totalmente. Después entré a la sacristía
y lo firmé con mi “Nihil Obstat” con la autoridad
que me ha dado el Señor Arzobispo de Trani, nombrándome
Censor Eclesiástico de sus tres diócesis.
De este modo se abre la autorización para
publicar al mundo entero estos libros dictados por Nuestro Señor
sobre la Divina Voluntad. Una vez que termine de revisar los demás
volúmenes que no he leído les pondré mi “Nihil
Obstat” y se los presentaré al Señor Arzobispo,
para que, como me lo prometió, les ponga su “Imprimatur”
a cada uno, como también a los que ya había yo revisado
y que ud. los tiene. De este modo todo estará listo para
el futuro, quien sabe de quien se quiera servir Nuestro Señor.
¿Se da ud. cuenta cómo aparece bien
delineado el plan del cielo con la aprobación eclesiástica
de estos escritos? ¿Quién puede ponerle resistencia
al Querer Divino? »
« El Señor Arzobispo les ha puesto
ya su “Imprimatur” a otros 7 volúmenes de sus
escritos; yo en tanto estoy terminando el volumen 2, el 6 y el
5. Verdaderamente el Señor la ha conducido a ud. con inmensa
bondad y caridad ».
« Estoy terminando el volumen 11 que está
lleno de Divina Voluntad y con éste estarán listos
los otros 7 volúmenes que me faltaban terminar para que
el Señor Arzobispo les pusiera su Imprimátur. Apenas
estén listos les pondré mi Nihil Obstat, y mandaré
a un hermano laico a Trani a ver al Arzobispo, para que les ponga
el Imprimátur. Así se habrá proveido este
hecho importantísimo de obtener la aprobación eclesiástica
para cualquier evento futuro. Será un punto superado por
el cual debemos darle gracias a Nuestro Señor con inmensa
gratitud.»
Pero ahora veamos cual era la intención
del P. Aníbal. Como veremos tenía en mente publicar
todos los volúmenes que Luisa había escrito hasta
entonces (diecinueve) y para esto puso a trabajar a sus mismos
hijos de las dos congregaciones fundadas por él.
Casi inmediatamente después de haber conocido
a Luisa, y mucho antes de conocer sus demás escritos, llegó
a publicar uno de sus libros: "Las horas de la Pasión
de Nuestro Señor Jesucristo" ya mencionado anteriormente.
Cuatro ediciones llegó a hacer de este libro,
siempre más numerosas. Le llegaban pedidos de toda Italia
y hasta de varias partes del extranjero, de 50 y hasta de 100 copias,
como lo hizo “una de las más renombradas librerías
editoras del Vaticano, ¿cómo lo han llegado a saber?—decía—Es
el buen Dios que trabaja”.
Uno de los hechos que más recordamos fue
el de aquella ocasión, lo cuentan varios testigos, en que
habiéndole el P. Aníbal, llevado el libro de las
Horas de la Pasión al Santo Padre San Pío X —quien
en varias ocasiones lo recibió privadamente, como también
los Papas Benedicto XV y Pío XI—, mientras se lo enseñaba
le leyó algunas páginas, cuando a un cierto momento
el Papa lo interrumpió diciendo: “Así no, Padre;
es de rodillas que se debe leer este libro, es Jesucristo quien
habla.”
De este litro más tarde se hicieron otras
dos ediciones en italiano, y dos más en alemán (¡de
25,000 ejemplares cada una!), y se prepararían ya las ediciones
en francés, portugués, español, inglés
y polaco.
Y así, cuando empezó a conocer los
demás escritos de Luisa, conforme iba penetrando su espiritualidad,
su profundidad, su importancia capital y la necesidad absoluta
de dar a conocer al mundo entero sus volúmenes sobre la
Divina Voluntad—se trataba nada menos que del Reino de Dios
sobre la tierra, del reino de su Santísima Voluntad—.
El mismo, entonces, se puso a la cabeza de la obra de la publicación
de todos los volúmenes de Luisa y aunque la empresa era
gigantesca, como lo decía él mismo, con generosidad
y pleno abandono en manos de la providencia puso manos a la obra;
primero revisándolos para obtener el "Nihil Obstat"
y el "Imprimatur" como ya vimos y luego emprendiendo
la obra de la publicación.
De los siguientes párrafos podemos concluir
hasta qué punto y hasta qué grado de interés
llegó el Beato. Sobra decir que sus intenciones eran verdaderamente
grandes.
« La publicación de toda la obra será
de 25,000 ejemplares, y puesto que la obra será bastante
voluminosa por ser el Verbo Divino quien habla y es la Palabra
Substancial del Padre Eterno, así podrá ud. comprender
cuanto llegará a ser el gasto. Pero ciertamente no le faltan
medios al gran tesorero celestial, aunque llegue a costar un millón
de liras (una cantidad enorme de dinero para aquellos tiempos)
».
«
Este trabajo no solamente es grande por todo lo que le he dicho,
sino que también tenga ud. presente que se trata de 25,000
ejemplares de toda la obra, de todos los volúmenes presentes
y futuros, y por lo tanto costará millones de liras.
Le aseguro que la edición tendrá
una presentación muy bonita; espero mandarle dentro de poco
las primeras hojas para que las vea ».
« Ayer, escribiéndoles a mis tipógrafos
de Oria, habiéndome escrito ellos para decirme que para
poder ir más aprisa tendrían necesidad de comprar
en la fábrica nuevos caracteres tipográficos, yo
les respondí que los compraran. ¡Oh, si yo me encontrara
en pleno vigor como en mi juventud, volaría a Oria para
dedicarme yo mismo a hacer este divino trabajo! »
Pero la rabia del demonio no podía dejar
de hacerse sentir queriendo meter su pezuña para hacer todo
lo posible por no dejar que se publicaran estos escritos que tanto
bien harán.
Así escribía el Padre Aníbal
unos meses antes de morir:
« He entrado en un estado moral y espiritual
en el que me parece como que veo o siento la obra demoníaca
del enemigo infernal. De noche y de día me asaltan haciéndome
sentir desanimado y oprimido; siento en mí abandonos y desolaciones
profundas, en fin, un estado interior tan lleno de angustia y penoso,
que jamás he sentido una cosa igual.
A mi me parece que se está cumpliendo lo que ud. me escribió,
es decir, que los demonios estaban llenos de rabia al verme ocupado
en esta obra de la publicación de sus escritos. Y puesto
que no pueden hacer nada contra mí externamente, ya que
no camino por esos caminos, obran en mi interior para abatirme
y hacer que mi salud ceda.
En todo esto me parece ver también que Dios lo está
permitiendo todo para purificar mi alma de un modo muy singular,
tal vez precisamente para la gran obra de la publicación
de sus escritos ».
« Esta noche la he pasado malísimo
física y espiritualmente; fue una hora penosísima:
¡no encontraba descanso alguno! El enemigo infernal me metía
un pensamiento: “deja esta publicación; ojalá
y nunca hubiera empezado”; pero yo le decía al enemigo:
“¡No, no, no!” y bendecía a Jesús
».
« No le digo cómo es que siento temblar
al demonio; es más, a muchos demonios, por eso hago continuos
exorcismos en el nombre de Jesús ».
« Otra señal de que es de Dios, es
la guerra tremenda que el enemigo me ha hecho para abatirme, permitiéndolo
Dios, para que no iniciara mis oraciones en la Divina Voluntad
».
Y en este párrafo que sigue podemos ver
hasta que punto llegó el demonio para tratar de evitar que
se publicaran los sublimes escritos de la Divina Voluntad:
« Le digo en el máximo secreto, que
el demonio para abatirme, tomó la forma de una persona que
conocemos para traerme noticias muy impresionantes y por las cuales
me vinieron una especie de palpitaciones que estuvieron por matarme,
pero después se descubrió el engaño.
El enemigo me sugiere: “¿No ves que
esta publicación te está llevando a la tumba? ¿Porqué
te metiste en esto?” »
Pero el Padre Aníbal fue siempre fiel a
la Divina Voluntad y nunca desistió, su vida se había
transformado; y aunque se encontraba en medio de una guerra con
el demonio, él seguía perseverando, especialmente
en su interior; así escribe poco antes de morir:
« Puesto que hasta ahora casi todas las noches
duermo poquísimo a causa del insomnio y de aflicciones morales,
opresiones, aprensiones, etc., un hermano laico, pacientísimo,
ha estado velando todas las noches junto a mi cama y me reza las
oraciones de la Divina Voluntad ».
La estima y el aprecio que tenía de Luisa
era altísimo; bien se daba cuenta de la “gran obra
de la Divina Voluntad” (como él decía) que
Dios estaba haciendo en Luisa para bien de toda la humanidad:
« He tenido presente que todas mis aflicciones
son amor de Jesús que está obrando en mí.
Sus consejos y sugerencias me llenan de consuelo, pero yo todavía
soy un niño en esta grande ciencia de la Divina Voluntad.
Le agradezco muchísimo el ánimo que me infunde ».
« Ud. me confió una vez que Jesús
en cierta ocasión le ofreció el don de hacer milagros
y que ud. lo rechazó; ahora bien, pídale a Nuestro
Señor con fe y amor, que al menos pueda ud. obrar el milagro
de devolverme la salud. Esto se lo pido por esos 19 volúmenes
que quiero publicar; ¡Oh, cómo será aniquilado
el infierno! »
En fin, la obra del Padre Aníbal terminó
con su muerte. No sin dejarnos otro signo profético que
tomado de los escritos de Luisa quiso él haberle dado cumplimiento;
aunque los planes del Señor eran otros. Pero seguramente,
sabiendo él que todo era obra de Dios, ahora, desde el cielo
ha de estar gozando de su realización: es decir, “Los
Hijos de la Divina Voluntad.”
« En la tipografía de la casa madre
de Messina (Sicilia, su ciudad natal y en donde nacieron todas
sus obras), se está imprimiendo un trabajito sobre la Divina
Voluntad que yo creo tendrá un gran efecto y le será
muy grato a Nuestro Señor: es la Pía Unión
Universal Espiritual que tendrá el título de Hijos
de la Divina Voluntad. Será instituida en modo simplísimo;
no se tendrán regis¬tros, reglas, ni pagos u obligaciones
de conciencia. Impri¬miremos con la ayuda del Señor
cientos de miles de inscripciones; y si el Señor se digna
devolverme la salud las traduciremos en muchos idiomas y las difundiremos
en muchas naciones ».
« No sé si se acuerda usted que en
una ocasión vio como que de Nuestro Señor salió
un quejido lleno de angustia que penetró cielos y tierra
a causa de los pecados del hombre; y poco después mandó
un gritó de alegría que penetró también
cielos y tierra, y Jesús le dijo que él esta¬ba
tan contento porque veía aparecer en el mundo a los hijos
de la Divina Voluntad ».
« No teniendo esta Pía Unión
ninguna regla, pueden perte¬necer a ella toda clase de personas:
hombres, mujeres, re¬ligiosos, laicos u obispos, etc. »...
En conclusión podemos decir que el Padre
Aníbal sem¬bró una semilla que tomó de
Luisa "La pequeña hija de la Divina Voluntad"
e hizo todo lo que estaba de su parte y que entraba dentro del
plan de Dios, para esparcirla por todo el mundo. Desgraciadamente
en aquel entonces, después de muerto, los miembros de las
dos comunidades religiosas que fundó no se tomaron ningún
cuidado de continuar la obra que el mismo Padre Aníbal les
encomendó que terminaran, como lo testimonia el siguiente
párrafo:
« Al canónico V., un queridísimo
sacerdote mío, y a mis jóvenes sacerdotes les he
ido explicando cual es mi idea para la publicación de esta
grande obra; y puesto que son muy inteligentes y de buen espíritu,
ellos podrían ser mis sucesores en esta grande obra si el
Señor me llegara a llamar; y proseguirían mi trabajo
con mis mismos métodos y con el mismo sistema que yo he
estado siguiendo ».
No obstante, como ya dijimos, ellos no siguieron
haciendo lo que les encargó.
+ + +
Claramente se ve que el Padre Aníbal debía
ser como el iniciador, el pionero de la Divina Voluntad, que habría
de preparar el camino para el reconocimiento de parte de la autoridad
eclesiástica con el “Nihil Obstat” y el “Imprimatur”
de los volúmenes y por lo tanto de todo su contenido. Es
decir de todo aquello que Nuestro Señor le había
comunicado a Luisa, haciéndole vivir plenamente lo que le
enseñaba: el Reino de la Divina Voluntad como en el cielo
así en la tierra; el gran deseo de Nuestro Señor
de darles a todos sus hijos el Don más grande que existe
sea en el cielo que en la tierra: el Don de la Divina Voluntad;
la posibilidad de que la criatura regresara « al orden, a
su puesto y a la finalidad para la que fue creada por Dios ».
Por todo esto la canonización del Padre
Aníbal María di Francia ha tenido un significado
más que profético; es como el inicio de la manifestación
gloriosa del Reino de la Divina Voluntad en un modo visible, por
cuanto a criatura es posible, y evidentemente conforme a la disposición
de cada uno de nosotros, de querer morir totalmente a nuestra voluntad
humana para vivir siempre y solo de Voluntad Divina.
Y con toda firmeza esperamos que pronto Luisa sea
glorificada también aquí en la tierra, plenamente
conscientes de que la verdadera glorificación de Luisa será
que la Divina Voluntad reine y domine como en su trono real en
nuestras almas. |