Rev. P. Consalvo Valls O.F.M.

S.D. Luisa Piccarreta

« Solamente de la gracia puede venir esta sustitución
de la propia voluntad con la de Dios mismo. »

En la carta del Padre Domenico Franzé O.F.M. vimos la rectitud y alta responsabilidad que caracteriza a un buen sacerdote, que no estando contento del juicio que él mismo bien podía dar, siendo claramente una persona bastante capaz, se propuso dar el libro que querían revisar a otros padres, más competentes aún según él, para obtener de ellos un parecer. Entre las relaciones que de acuerdo a lo que él dice le dieron dichos padres, él quiso enviar, junto con la suya, la del R.P. Consalvo Valls, O.F.M. quien era delegado examinador para la revisión de los libros de la Orden de los Frailes Menores (Franciscanos).

Pero antes de transcribir dicha carta, les proponemos aquí algún párrafo de los escritos de Luisa en donde Nuestro Señor mismo, la máxima autoridad, nos habla de estos escritos:

« …No te extrañes si ves que no entienden. Para entender tendrían que disponerse al más grande de los sacrificios, como es el de no darle vida, ni siquiera en las cosas santas, a su propia voluntad; si estuvieran dispuestos, sentirían entonces la posesión de mi Voluntad y podrían palpar lo que significa vivir en ella. Tú, sin embargo, está atenta y no te molestes por las dificultades que ponen, y yo poco a poco me abriré paso, para hacer comprender el vivir en mi Voluntad. »

 

« …Por eso, si leen estas verdades y están mal dispuestos no entenderán nada; se quedarán confundidos, deslumbrados por la luz de mis verdades; mientras que para los que están bien dispuestos, será luz que los ilumine y agua que les apagará la sed, y no querrán separarse nunca jamás de estos canales (los conocimientos sobre la Divina Voluntad) por el gran bien que sentirán y por la nueva vida que correrá en ellos. »

He aquí, pues, dicha carta, que esperamos ilumine las mentes de muchos que aún pudieran tener dudas o perplejidades:

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R.P. Consalvo Valls, O.F.M.
Profesor de Teología Dogmática, de Mística y otras materias
en la Universidad Pontifica Antonianum, de Roma
Delegado examinador para la revisión de los libros de la Orden de los Frailes Menores (Franciscanos).

18 de Julio de 1931

Reverendo Padre:

He leído y estudiado el libro titulado:

« En el Reino de la Divina Voluntad »
Historia de un alma
– Parte 1 –
Alba que surge

y después de haber meditado en algunos de sus puntos puedo declarar lo que sigue:

 

I -En lo referente a la Dogmática:

Lo he encontrado en todo conforme a las enseñanzas recibidas de la Santa Iglesia y manifestadas en las fuentes de la Revelación, incluso cuando habla de cuestiones dogmáticas solo de pasada, como por ejemplo:

a) Cuando habla de la Eucaristía.

b) En otros pasajes, la exactitud teológica es sublime y maravillosa; por ejemplo:

1) sobre la Santísima Trinidad;
2) sobre las manifestaciones de la divinidad en las atribuciones de cada Persona Divina;
3) sobre la doctrina de la inhabitación de la Trinidad en el alma justa y de su relación íntima con la gracia;
4) sobre el concepto de la gracia misma, de cómo en sentido real, si bien místico, hace que sea Dios mismo la vida del alma. —Y así casi todo el volumen.

c) El Dogma de la Comunión de los Santos y de la expiación mutua por las almas y por la Iglesia constituye como la idea predominante del libro —por lo demás en consonancia con el estado de víctima que describe y desarrolla— y, no obstante la delicadeza de la materia y la frecuencia con que se trata, jamás se repite; encuentra siempre nuevos y bellísimos aspectos, y ni siquiera por un momento se aparta del recto concepto de las verdades de la fe.

d) Lo mismo con el otro dogma —íntimamente ligado con el precedente— de la continuación real y mística de Cristo en las almas.

e) También es exactísimo el concepto de los atributos divinos y del modo en que se manifiestan u obran ad extra[1] sin discordancias y con maravillosa armonía. Así, por ejemplo, cuando seguido habla de la misericordia y del amor de Dios en su justicia.

Es cierto que aquí y allá se encuentran algunas incertidumbres y algunas veces cosas raras que necesitarían alguna explicación; pero sin embargo, es verdad que cuanto más se reflexiona en éstas, más desaparecen las disonancias aparentes de la primera impresión. Por lo demás, Jesús mismo se lo dice al alma cuando la calma y la reafirma por los temores que siente de escribir disparates. Como por ejemplo:

a) Cuando dice que todo lo que Dios es por naturaleza, la Santísima Virgen lo es por gracia.

b) Dice Jesús: « El pecado y la esperanza no pueden estar juntos. » Y la doctrina Católica nos enseña que solamente el pecado contra la esperanza excluye al alma de esta virtud infusa. Pero tal vez de lo que habla es sobre el objeto de la esperanza, que en el pecador queda solo la esperanza de la gracia; mientras que aquí el alma identifica la esperanza con la paz del alma, la cual es imposible que se dé sin la gracia. Entendida de esta manera existe una verdadera oposición entre el pecado y la esperanza, tanto de no poder convivir el uno con la otra.

c) Personifica y apropia la esperanza en el Hijo. La atribución parecería extraña, pero pensando a lo que el Hijo es para la humanidad, y que “non est in alio aliquo salus” (en ningún otro hay salvación), se ve la cosa muy adecuada.

II - El aspecto ascético:

Es justísimo en todas sus apreciaciones, sea en el presentar los medios activos de santificación, como oración, trabajo, cumplimiento de los deberes propios, sacramentos, oraciones, lecturas, sufrimientos, etc., sea especialmente en las amplias enseñanzas que da sobre las mismas virtudes. Bajo este último aspecto debe notarse lo que sigue:

a) El puesto que cada virtud ocupa en el edificio espiritual.

b) La armonía que establece entre ellas no en fuerza de un principio teológico, como es el que informa y vivifica todas las virtudes en la caridad, sino por el análisis del objeto material de la misma virtud.

c) El ámbito y el límite de cada virtud que extiende su influjo en todas las manifestaciones de la vida, incluso cuando el alma ha llegado a las más altas metas de la santidad.

d) Los frutos de la práctica de la virtud y los inconvenientes cuando ésta no se practica.

e) Los motivos que incitan a la práctica de la virtud, no solamente bajo el aspecto de un bien útil, sino sobre todo bajo el aspecto de un bien honesto como es en sí mismo, y en particular por ser un bien objeto de la Voluntad y de los deseos de Nuestro Señor.

f) Las recursos y los medios que sugiere para el ejercicio de la virtud misma.

g) La exactitud por la cual hace que resalte, como la fuente de toda virtud, la gracia del Señor, de donde deriva, no obstante exija la práctica y el interés humanos.

h) Las delicadezas y matices que halla tanto en el justificar cada virtud, como en el ejercicio de las mismas.

Nótese que para justificar todos estos puntos se necesitaría citar todo el libro. Bastaría sin embargo revisar solamente los que frecuentemente se hallan en el índice: La obediencia, la humildad, la esperanza, la mortificación.

III - En cuanto a los fenómenos místicos:

El libro parece ser verdaderamente inspirado.

1)En las descripciones que hace de los fenómenos místicos y en el fruto que recibe el alma y la Santa Iglesia. Como por ejemplo:

a) Las ansias del paraíso y el desprecio del mundo.

b) El deseo de morir.

c) El estado de víctima y la necesidad de almas víctimas en el mundo.

d) Los ardientes anhelos de sufrir y los medios y juegos de la providencia con los que Dios satisface sus deseos, purifica al alma misma e irradia en los demás su benéfica acción.

e) La admirable descripción del espíritu para distinguir las comunicaciones divinas de las diabólicas o de las autosugestiones.

f) El fenómeno del cambio de corazones y de su necesidad para entrar en un estado místico superior.

g) La diferencia que existe entre el conocimiento abstracto e intuitivo de Dios y del alma misma. La descripción que hace del conocimiento intuitivo es una demostración psicológica y experimental de la doctrina teológica sobre el modo de obrar divino de los dones del Espíritu Santo, y de los sentidos espirituales en contraposición al modo de obrar humano de las virtudes.

h) La diferencia que hay entre vivir en Dios y vivir por Dios.

i) La maternidad espiritual tanto hacia Dios mismo como hacia las criaturas.

j) Los diferentes modos en que Dios le habla al alma, especialmente el modo de hablar intelectual.

k) Todas las descripciones de los contrastes diabólicos, de su influjo en los sentimientos del alma, sobre la extensión del poder mismo del demonio; del modo admirable en que estos contribuyen a hacer que el alma se acerque a Dios, etc., etc.

2) También en este aspecto se encuentra alguna dificultad en la veracidad demasiado exagerada de su contemplación, como por ejemplo:

a) En el apoyar su cabeza y sus brazos en el seno
de la Virgen Santísima; en el entrar en su seno; en el quedarse a oscuras, etc…

b) Las caricias, los besos, el estrecharse la mano, etc., más conformes a un amor humano y terreno, que no al espiritual como conviene…

Pero para que todo escrúpulo desaparezca en esta materia, bastaría recordar que este lenguaje es del todo simbólico y es para hacer entender al menos un poco lo que es el amor divino, tomando como imágenes las espontáneas manifestaciones del amor humano… Léase un poco el « Cantar de los cantares », en donde se describen estos amores místicos de Dios con el alma, su esposa; como también el opúsculo de San Buenaventura: « De quinque festivitatibus pueri Jesu »; y así mismo San Bernardo, y otros místicos para confirmar que « Munda Mundis » (para quien es limpio todo es limpio).

IV - En lo que se refiere al autorretrato de esta alma:

Se ve que vive intensamente la vida de la gracia, de la cual hace descripciones tan bellas y exactas, que únicamente los dones del Espíritu Santo pueden darle la inteligencia y también la ciencia para poder expresarlas.

De estos dones en plena actividad, resulta la contemplación de Dios en sus atributos y en su vida Trinitaria, la contemplación de Cristo y de la Santísima Virgen en sus misterios; esa visión tan consoladora y maravillosa de la Divina Voluntad que gobierna el mundo; esa admirable introspección psicológica, con la cual descubre las llagas escondidas del alma, los escondrijos sutilísimos del amor propio.

De ninguna otra fuente sino de la divina gracia, que absorbe todo el ser de esta alma, puede resultar esa resolución y generosidad con la cual se da a los sacrificios íntimos más grandes que le pide su amado; la delicadeza y vivacidad de sentimientos, —por ejemplo la lucha que sostiene entre los impulsos de la misericordia y los de la justicia divina, de los cuales se ha constituido vigilante, como le corresponde a un alma víctima; también la inmensa caridad hacia el prójimo, que brota y está fundada en el amor a Jesús y que le hace defender a las almas contra los castigos de Dios, por el mismo amor con que Dios las ama: « ¿Permitiría, dice, que Dios castigara a los hombres, si con el mismo golpe con que los hiere, no se hiriera a sí mismo en Cristo? » — Y sobre todo, solamente de la gracia puede venir esta sustitución de la propia voluntad con la de Dios mismo, que la hace permanecer en paz, segura y contenta en medio a las más grandes tribulaciones, sufrimientos, arideces y que constituye la misión particular de esta alma.

Y también sobre este punto, de tanto en tanto se encuentran algunas disonancias, como por ejemplo:

a) Las autoexaltaciones, que parecen exageradas, pero obsérvese que siempre al lado de ellas, hace que resalte siempre el don de Dios y que esos mismos favores la arrojan aún más en su nada.

b) Así también la necesidad que ella hace de sus expiaciones para salvar al mundo, como si no bastaran los sufrimientos de Cristo… Pero ciertamente, aquí nos encontramos ante el misterio de la íntima unión entre Cristo y su Cuerpo Místico, por el cual San Pablo mismo decía: « Adimpleo in me quae desunt passioni Christi… » (completo en mí lo que falta a la pasión de Cristo), etc.

Por todas estas observaciones, hechas aquí y allá, y por las comparaciones, yo tengo la íntima persuasión que la persona en cuestión es un alma de Dios y que la obra que en ella se cumple es divina. No conozco la vida ni la historia de esta alma, pero me basta, para justificar el concepto que tengo de ella, el examen de este libro, y el efecto que yo mismo he experimentado mientras lo leía, que le daba gota a gota a mi espíritu nuevas ansias de mejoramiento espiritual. Solamente Dios tiene las llaves del corazón, y lo hace vibrar hacia la santidad.

Puedo entender que el libro en cuestión necesitaría un estudio más profundo y tranquilo de lo que yo haya podido hacer en medio a mis distracciones. Tal vez más adelante lo haré, si Dios quiere: pero estoy seguro que no cambiaré, sino que confirmaré mi opinión.

Roma, Universidad Pontificia Antonianum,

Quedo de ud. ss.

Fray Consalvo Valls O.F.M.

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San Aníbal

Pues bien, después de esto se queda uno sin palabras. Esta relación, de uno que verdaderamente es competente en la materia, entra en grande contraste con aquellos que de un modo u otro han querido hacer la guerra a los escritos de Luisa. Nótese que no se trata de una simple relación, sino que el Padre Consalvo ha hecho todo un estudio hasta llegar a la conclusión que él mismo subraya: « Solamente de la gracia puede venir esta sustitución de la propia voluntad con la de Dios mismo…, que constituye la misión particular de esta alma », lo que quiere decir que llegó a entender la misión de Luisa y lo que Nuestro Señor quiere darnos a conocer por medio de ella. Y así en cada punto que toca sus comentarios siempre son favorables, aún en aquellos puntos más difíciles de entender.

Téngase también muy en cuenta que no puede ser que San Aníbal haya sido beatificado habiendo él publicado y aprobado todos los escritos sobre la Divina Voluntad que nuestro Señor mismo quiso que Luisa escribiera por medio de la obediencia a sus confesores y al Beato mismo. Y recordemos que, aunque Luisa nunca quiso escribir, la obediencia fue siempre tan determinante que se vio siempre obligada a escribir todo; recordemos una vez más lo que el mismo San Aníbal le impuso en virtud de la santa obediencia:

« Así pues, en vista de la Divina Voluntad que aquí se manifiesta y que tantas veces se ha manifestado de igual modo, yo, en nombre de Jesús y por la autoridad que me ha sido conferida por vuestro superior eclesiástico, le doy la absoluta y enérgica obediencia que día por día, noche por noche, vez por vez, escriba con precisión totalmente todo lo que sucede entre ud. y Jesús, aunque sean las cosas más íntimas. Fíjese bien que no sólo las palabras que Jesús le dice debe escribir exactamente, sino que también las luces infusas, incluso lo que le hace comprender sin hablarle »…

Y como si esto no fuera suficiente, añade:

« La obediencia de escribirlo todo, cuando descuide totalmente de hacerlo, será bajo pecado grave. »

Por otra parte están todas las aprobaciones que tantos obispos dieron y finalmente estas dos cartas que acabamos de publicar, de personas serias y dignas de fe.

[1] Externamente.