El Rev. P. Ludwig Beda O.S.B.

Padre Ludwig Beda O.S.B.

« Sí, yo me consagro
a esta obra
hasta el martirio. »

 

Fueron muchos los sacerdotes, obispos y hasta cardenales que de un modo u otro tuvieron contacto espiritual con Luisa « La pequeña hija de la Divina Voluntad ». Quisiéramos dar a conocerlos a todos, pero no es éste el momento ni el lugar. Mas, por otra parte, no podemos dejar de mencionar el caso de otro gran apóstol de la Divina Voluntad: el P. Ludwig Beda O.S.B., benedictino alemán de la abadía de Kloster Andechs, confesor y director de almas de elección, autor de muchas obras de carácter ascético y de teología mística.

Este sacerdote ejemplar se encargó de la traducción al alemán de dos libros de Luisa que se publicaron como una sola obra de dos volúmenes; el primer volumen consistía en varios capítulos tomados de los escritos de Luisa y se le llamó « Pequeño Tratado sobre la Divina Voluntad » y el segundo volumen fue el de « Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo ». De estos libros, en el corto espacio de dos años, se hicieron dos ediciones una de 25.000 ejemplares cada una.

Pero vamos a conocer un poco más de cerca a este Padre. Para esto nos serviremos de varias cartas escritas por él a Luisa o bien a quien entonces era confesor de Luisa, Don Benedetto Calvi, como también de varias cartas escritas por la señorita María de Regibus, de Turín, activa colaboradora del Padre Beda, con quien preparó y tradujo varias obras ascético–místicas antes de conocer la obra de la Divina Voluntad y que colaboró activamente con el Padre Beda en la traducción al alemán de las obras ya mencionadas de Luisa.

Podemos decir muy bien que a él le sucedió lo mismo que al Santo Aníbal di Francia: se enamoró de tal manera de la Divina Voluntad y de los escritos sobre la Divina Voluntad que Nuestro Señor mismo le hacía escribir a Luisa, que llegó a dejar y a olvidarse totalmente de todo lo que se ocupaba. Y para darnos cuenta de esto vayamos a aquellos días en que decidió traducir dichos escritos, y el primer contacto que tuvo con ellos.

La srita. María de Regibus, habiéndole pedido al confesor de Luisa que le enviará un libro para dárselo al Padre Beda, le envió el « Tratado de la Divina Voluntad » que se había publicado en italiano a manera de apéndice en el libro de « Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo ». Después de leerlo el Padre Beda le manifestó sus impresiones a la srita. Mª de Regibus; quien en una carta, a su vez, se expresa del siguiente modo: (se trata de la primera carta que se conserva de ella):

El tratado de la Divina Voluntad que pedí que enviara al P. Beda, encontró en él un fervientísimo admirador. Es más, creo que le gustaría a ud. escuchar algunas de sus impresiones que me escribió:

 

« El Tratado de la Divina Voluntad es lo mejor, lo más elevado, lo más grande que jamás se ha escrito sobre este tema, emanado, así como es, de la boca misma de la Sabiduría Eterna. Esta es ciencia divina, no humana. ¡Yo lo traduciré! Este libro eleva toda mi vida interior a un grado superior. Le enseña al hombre a obrar en modo divino.»

Don Benedetto Calvi contestó dando la autorización para que se tradujera al alemán dicho libro, y el mismo P. Beda responde de este modo dando las gracias por la obtenida autorización.

« Le envío mi más cálido agradecimiento por haberme concedido la autorización de la traducción del « Tratado sobre la Divina Voluntad » contenido en « Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo ». El tratado en sí posee pensamientos profundos, elevados, conmovedores, que solamente la Divina Sabiduría, el Verbo Eterno, podía exprimir. A pesar de estar sobrecargado de trabajo, considero un honor traducir este Tratado, aunque la traducción tenga no pequeñas dificultades debido a la profundidad del contenido.

 

Y ahora, Reverendo Padre, le ruego quiera coronar una vez más su bondad concediéndome la autorización de traducir también el libro de « La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad ». Un volumen pertenece al otro y este último no es más que la aplicación práctica del Tratado: nuestra Madre del cielo es ejemplo para sus hijos sobre la tierra. »

Este fue solamente el inicio, fue la reacción natural de quien lee por primera vez los escritos de Luisa. Ese impulso de querer dar a conocer a todo el mundo el Reino de la Divina Voluntad para que todos vivan en este Reino y hagan la Voluntad de Dios como en el cielo así en la tierra, no puede venir más que de quien ha comprendido la importancia tan grande de lo que Nuestro Señor Jesucristo quiere darnos con tanta magnanimidad. Es decir, una vez más, el Reino de la Divina Voluntad, el cumplimiento de la promesa que Nuestro Señor nos hizo en la solemnidad de la oración que nos enseñó: « Venga tu Reino, hágase tu Voluntad como en el cielo así en la tierra ».

Leyendo las cartas, se va viendo en el P. Beda un interés progresivo que va creciendo a pasos agigantados. Estamos a mediados de 1935 y apenas un año después sale la primera edición de la traducción que se ha propuesto hacer.

Veamos cómo la Divina Voluntad empieza cada vez más a ocupar toda su mente, toda su vida, toda su actividad, hasta dejarlo todo por el Reino de la Divina Voluntad.

Apenas dos meses después de conocer el « Tratado de la Divina Voluntad » la srita. Mª de Regibus, en una carta que le escribe al confesor de Luisa, dice:

« El P. Beda dice que considera esta traducción tan importante que por el momento ha dejado en segundo lugar otras tareas que le son importantísimas. »

Son dos meses solamente y ya deja en segundo lugar cosas que considera importantísimas; y aquí debemos comprender lo que esto significa para un sacerdote, el sólo decir “cosas importantísimas” debe decirnos mucho, especialmente, como decíamos, tratándose de un sacerdote.

En otro lugar, apenas unos dos meses más tarde, al recibir el P. Beda algunos nuevos capítulos que serían parte del Tratado, la misma srita. Mª de Regibus habiendo tenido noticias de él, escribe:

« El ha dejado a un lado obras importantísimas que ya había empezado para poder dedicar el tiempo que le queda a la traducción prometida. Le gustará mucho y apreciará estas paginas con su justo valor y será feliz de poder conocer mejor a la predilecta de la Divina Voluntad.

 

Mire lo que me dice: “El estar unido a un alma semejante, me es más precioso que la posesión de medio mundo, porque ella me comunica lo divino con tanta abundancia.”

Y un poco más tarde el mismo P. Beda escribe:

« Este nuevo apostolado me ocupa día y noche; desde hace años le pedía al Señor que hiciera de mí, antes de morir, un benefactor de toda la humanidad. »

 

« Sí, quiero traducir todos los tratados sobre la Divina Voluntad, tanto uno como otro son todos de una importancia extrema. Pero pídale al Señor que me dé tiempo y salud…

 

…Todas estas cosas no son tan importantes como nuestro apostolado; el Reino de la Divina Voluntad me ocupa día y noche, ésta es la cosa mas importante de mi vida y yo quisiera que esta Divina Voluntad fuera mi vida misma…

 

…La venida del Reino de la Divina Voluntad, demuestra la altísima finalidad, es decir, la vida vivida en el Reino de la Divina Voluntad, la cual consiste no solamente en la santidad de todo ser racional, sea en el cielo que en la tierra, sino la santidad personal de Dios mismo ».

Sí, son solamente seis meses y ya se ocupa día y noche en este nuevo apostolado de la Divina Voluntad, y ¿por qué? porque se ha dedicado día y noche a penetrar, a conocer y a vivir en este Reino Divino.

Luisa escribiendo y orando ante Jesús crucificado

Finalmente, después de un trabajo continuo de la Divina Voluntad en su alma, apenas unos 10 meses después de haber conocido el Reino de la Divina Voluntad, deja todo; pero dejemos que él mismo nos platique cómo sucedió; se trata de una carta del P. Beda dirigida directamente a Luisa:

« La carta que ud. me escribió el 31 de agosto de 1935 estuvo perdida por 6 meses, ayer me la encontré de modo sorprendente y precisamente en el momento que era necesaria. Es para mí la carta más importante que me ha escrito, me ha confortado y colmado de nuevo entusiasmo por la grande y santa obra; nuevamente yo le consagro toda mi persona con todas mis fuerzas por todo el tiempo de mi vida.

 

Mi interés ha sido siempre el mismo desde el principio, pero esta carta suya que ayer cayó entre mis manos providencialmente me ha infundido un nuevo impulso. Sí, yo me consagro a esta obra hasta el martirio, como ud. me ha escrito.

 

Ya hasta he hecho a un lado mi grande obra sobre los estigmatizados, y, humanamente hablando, creo que ya no se publicará pues al editor le han ofrecido otra obra parecida pero solo de dos volúmenes; y aunque quiere publicar mi obra, no he podido decidirme a hacer a un lado el Reino de la Divina Voluntad.

 

Me parece como que Dios quería ponerme a prueba para ver qué es lo que yo prefería. Pero el Reino de la Divina Voluntad está sobre todo. Quedo fiel a la obra a la que con juramento me he consagrado ».

A un lector atento y dispuesto, con el corazón abierto y ansioso de vivir de Dios y en Dios, estos párrafos deberían moverlo a cumplir un acto semejante al que el mismo P. Beda fue movido a hacer: consagrarse eternamente a la Divina Voluntad; dejarlo todo por amor a él, para, sobre todo, vivir plenamente en este Reino, y hacer a un lado todo aquello que pueda impedirnos vivir en este Reino.
Si meditamos un poco cada palabra, cada línea, cada idea, podríamos encontrar mucho alimento para nuestras almas hambrientas en esta carta escrita por el P. Beda.

Mas ¿de dónde le viene al Padre toda esta fuerza para dejarlo todo, para hacer a un lado la obra para le que ha vivido y trabajado por tanto tiempo? De un escrito de Luisa (una simple carta) en donde ella seguramente le ha dicho lo que Nuestro Señor nos dice en todos sus escritos, en todas las cartas que de ella conservamos. Siempre y en todo, la Divina Voluntad es para Luisa todo, principio, medio y fin de toda santidad.

Por eso, quien con corazón sincero le pide a Dios el Don de su Divina Voluntad, Nuestro Señor no dejará de escucharlo prontamente. A lo más, todo lo que suceda después de haber conocido lo que significa vivir en este Reino tan santo, será, cómo lo fue también para el P. Beda, camino que nos hará poder llegar a comprender siempre mejor lo que significa vivir en la Divina Voluntad…