En fin, la obra del Padre Aníbal terminó con su muerte. No sin dejarnos otro signo profético que tomado de los escritos de Luisa quiso él haberle dado cumplimiento; aunque los planes del Señor eran otros. Pero seguramente, sabiendo él que todo era obra de Dios, ahora, desde el cielo ha de estar gozando de su realización: es decir, “Los Hijos de la Divina Voluntad.”

« En la tipografía de la casa madre de Messina (Sicilia, su ciudad natal y en donde nacieron todas sus obras), se está imprimiendo un trabajito sobre la Divina Voluntad que yo creo tendrá un gran efecto y le será muy grato a Nuestro Señor: es la Pía Unión Universal Espiritual que tendrá el título de Hijos de la Divina Voluntad. Será instituida en modo simplísimo; no se tendrán regis¬tros, reglas, ni pagos u obligaciones de conciencia. Imprimiremos con la ayuda del Señor cientos de miles de inscripciones; y si el Señor se digna devolverme la salud las traduciremos en muchos idiomas y las difundiremos en muchas naciones ».

 

« No sé si se acuerda usted que en una ocasión vio como que de Nuestro Señor salió un quejido lleno de angustia que penetró cielos y tierra a causa de los pecados del hombre; y poco después mandó un gritó de alegría que penetró también cielos y tierra, y Jesús le dijo que él estaba tan contento porque veía aparecer en el mundo a los hijos de la Divina Voluntad ».

 

« No teniendo esta Pía Unión ninguna regla, pueden pertenecer a ella toda clase de personas: hombres, mujeres, religiosos, laicos u obispos, etc. »…

En conclusión podemos decir que el Padre Aníbal sem¬bró una semilla que tomó de Luisa "La pequeña hija de la Divina Voluntad" e hizo todo lo que estaba de su parte y que entraba dentro del plan de Dios, para esparcirla por todo el mundo. Desgraciadamente en aquel entonces, después de muerto, los miembros de las dos comunidades religiosas que fundó no se tomaron ningún cuidado de continuar la obra que el mismo Padre Aníbal les encomendó que terminaran, como lo testimonia el siguiente párrafo:

« Al canónico V., un queridísimo sacerdote mío, y a mis jóvenes sacerdotes les he ido explicando cual es mi idea para la publicación de esta grande obra; y puesto que son muy inteligentes y de buen espíritu, ellos podrían ser mis sucesores en esta grande obra si el Señor me llegara a llamar; y proseguirían mi trabajo con mis mismos métodos y con el mismo sistema que yo he estado siguiendo ».

No obstante, como ya dijimos, ellos no siguieron haciendo lo que les encargó.

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Claramente se ve que el Padre Aníbal debía ser como el iniciador, el pionero de la Divina Voluntad, que habría de preparar el camino para el reconocimiento de parte de la autoridad eclesiástica con el “Nihil Obstat” y el “Imprimatur” de los volúmenes y por lo tanto de todo su contenido. Es decir de todo aquello que Nuestro Señor le había comunicado a Luisa, haciéndole vivir plenamente lo que le enseñaba: el Reino de la Divina Voluntad como en el cielo así en la tierra; el gran deseo de Nuestro Señor de darles a todos sus hijos el Don más grande que existe sea en el cielo que en la tierra: el Don de la Divina Voluntad; la posibilidad de que la criatura regresara « al orden, a su puesto y a la finalidad para la que fue creada por Dios ».

Por todo esto la canonización del Padre Aníbal María di Francia ha tenido un significado más que profético; es como el inicio de la manifestación gloriosa del Reino de la Divina Voluntad en un modo visible, por cuanto a criatura es posible, y evidentemente conforme a la disposición de cada uno de nosotros, de querer morir totalmente a nuestra voluntad humana para vivir siempre y solo de Voluntad Divina.

Y con toda firmeza esperamos que pronto Luisa sea glorificada también aquí en la tierra, plenamente conscientes de que la verdadera glorificación de Luisa será que la Divina Voluntad reine y domine como en su trono real en nuestras almas.