Pero ahora veamos cual era la intención del P. Aníbal. Como veremos tenía en mente publicar todos los volúmenes que Luisa había escrito hasta entonces (diecinueve) y para esto puso a trabajar a sus mismos hijos de las dos congregaciones fundadas por él.

Casi inmediatamente después de haber conocido a Luisa, y mucho antes de conocer sus demás escritos, llegó a publicar uno de sus libros: "Las horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo" ya mencionado anteriormente.

Cuatro ediciones llegó a hacer de este libro, siempre más numerosas. Le llegaban pedidos de toda Italia y hasta de varias partes del extranjero, de 50 y hasta de 100 copias, como lo hizo “una de las más renombradas librerías editoras del Vaticano, ¿cómo lo han llegado a saber?—decía—Es el buen Dios que trabaja”.

Uno de los hechos que más recordamos fue el de aquella ocasión, lo cuentan varios testigos, en que habiéndole el P. Aníbal, llevado el libro de las Horas de la Pasión al Santo Padre San Pío X —quien en varias ocasiones lo recibió privadamente, como también los Papas Benedicto XV y Pío XI—, mientras se lo enseñaba le leyó algunas páginas, cuando a un cierto momento el Papa lo interrumpió diciendo:

“Así no, Padre; es de rodillas que se debe leer este libro, es Jesucristo quien habla.”

De este libro más tarde se hicieron otras dos ediciones en italiano, y dos más en alemán (¡de 25,000 ejemplares cada una!), y se prepararían ya las ediciones en francés, portugués, español, inglés y polaco.

Y así, cuando empezó a conocer los demás escritos de Luisa, conforme iba penetrando su espiritualidad, su profundidad, su importancia capital y la necesidad absoluta de dar a conocer al mundo entero sus volúmenes sobre la Divina Voluntad—se trataba nada menos que del Reino de Dios sobre la tierra, del reino de su Santísima Voluntad—. El mismo, entonces, se puso a la cabeza de la obra de la publicación de todos los volúmenes de Luisa y aunque la empresa era gigantesca, como lo decía él mismo, con generosidad y pleno abandono en manos de la providencia puso manos a la obra; primero revisándolos para obtener el "Nihil Obstat" y el "Imprimatur" como ya vimos y luego emprendiendo la obra de la publicación.

De los siguientes párrafos podemos concluir hasta qué punto y hasta qué grado de interés llegó el Santo. Sobra decir que sus intenciones eran verdaderamente grandes.

« La publicación de toda la obra será de 25,000 ejemplares, y puesto que la obra será bastante voluminosa por ser el Verbo Divino quien habla y es la Palabra Substancial del Padre Eterno, así podrá ud. comprender cuanto llegará a ser el gasto. Pero ciertamente no le faltan medios al gran tesorero celestial, aunque llegue a costar un millón de liras (una cantidad enorme de dinero para aquellos tiempos) ».

 

«Este trabajo no solamente es grande por todo lo que le he dicho, sino que también tenga ud. presente que se trata de 25,000 ejemplares de toda la obra, de todos los volúmenes presentes y futuros, y por lo tanto costará millones de liras.

 

Le aseguro que la edición tendrá una presentación muy bonita; espero mandarle dentro de poco las primeras hojas para que las vea ».

 

« Ayer, escribiéndoles a mis tipógrafos de Oria, habiéndome escrito ellos para decirme que para poder ir más aprisa tendrían necesidad de comprar en la fábrica nuevos caracteres tipográficos, yo les respondí que los compraran. ¡Oh, si yo me encontrara en pleno vigor como en mi juventud, volaría a Oria para dedicarme yo mismo a hacer este divino trabajo! »

Pero la rabia del demonio no podía dejar de hacerse sentir queriendo meter su pezuña para hacer todo lo posible por no dejar que se publicaran estos escritos que tanto bien harán.

San Aníbal

Así escribía el Padre Aníbal unos meses antes de morir:

« He entrado en un estado moral y espiritual en el que me parece como que veo o siento la obra demoníaca del enemigo infernal. De noche y de día me asaltan haciéndome sentir desanimado y oprimido; siento en mí abandonos y desolaciones profundas, en fin, un estado interior tan lleno de angustia y penoso, que jamás he sentido una cosa igual.
A mi me parece que se está cumpliendo lo que ud. me escribió, es decir, que los demonios estaban llenos de rabia al verme ocupado en esta obra de la publicación de sus escritos. Y puesto que no pueden hacer nada contra mí externamente, ya que no camino por esos caminos, obran en mi interior para abatirme y hacer que mi salud ceda.
En todo esto me parece ver también que Dios lo está permitiendo todo para purificar mi alma de un modo muy singular, tal vez precisamente para la gran obra de la publicación de sus escritos ».

 

« Esta noche la he pasado malísimo física y espiritualmente; fue una hora penosísima: ¡no encontraba descanso alguno! El enemigo infernal me metía un pensamiento: “deja esta publicación; ojalá y nunca hubiera empezado”; pero yo le decía al enemigo: “¡No, no, no!” y bendecía a Jesús ».

 

« No le digo cómo es que siento temblar al demonio; es más, a muchos demonios, por eso hago continuos exorcismos en el nombre de Jesús ».

 

« Otra señal de que es de Dios, es la guerra tremenda que el enemigo me ha hecho para abatirme, permitiéndolo Dios, para que no iniciara mis oraciones en la Divina Voluntad».

Y en este párrafo que sigue podemos ver hasta que punto llegó el demonio para tratar de evitar que se publicaran los sublimes escritos de la Divina Voluntad:

« Le digo en el máximo secreto, que el demonio para abatirme, tomó la forma de una persona que conocemos para traerme noticias muy impresionantes y por las cuales me vinieron una especie de palpitaciones que estuvieron por matarme, pero después se descubrió el engaño.

 

El enemigo me sugiere: “¿No ves que esta publicación te está llevando a la tumba? ¿Porqué te metiste en esto?” »

Pero el Padre Aníbal fue siempre fiel a la Divina Voluntad y nunca desistió, su vida se había transformado; y aunque se encontraba en medio de una guerra con el demonio, él seguía perseverando, especialmente en su interior; así escribe poco antes de morir:

« Puesto que hasta ahora casi todas las noches duermo poquísimo a causa del insomnio y de aflicciones morales, opresiones, aprensiones, etc., un hermano laico, pacientísimo, ha estado velando todas las noches junto a mi cama y me reza las oraciones de la Divina Voluntad ».

La estima y el aprecio que tenía de Luisa era altísimo; bien se daba cuenta de la “gran obra de la Divina Voluntad” (como él decía) que Dios estaba haciendo en Luisa para bien de toda la humanidad:

« He tenido presente que todas mis aflicciones son amor de Jesús que está obrando en mí. Sus consejos y sugerencias me llenan de consuelo, pero yo todavía soy un niño en esta grande ciencia de la Divina Voluntad. Le agradezco muchísimo el ánimo que me infunde ».

 

« Ud. me confió una vez que Jesús en cierta ocasión le ofreció el don de hacer milagros y que ud. lo rechazó; ahora bien, pídale a Nuestro Señor con fe y amor, que al menos pueda ud. obrar el milagro de devolverme la salud. Esto se lo pido por esos 19 volúmenes que quiero publicar; ¡Oh, cómo será aniquilado el infierno! »