Entre los testimonios que conservamos de su relación con Luisa se encuentran sobre todo varias cartas escritas por San Aníbal a Luisa durante los dos últimos años de su vida (1925-1927), de donde tomaremos algunos párrafos para mostrarles cómo la Divina Voluntad se fue haciendo camino en su alma.

En todas sus cartas el P. Aníbal refleja claramente cómo la Divina Voluntad pasó a ser el centro de su vida, de su espiritualidad y su única razón de existir; he aquí algunos párrafos que lo evidencian:

 

« Actualmente en mi meditación de la mañana –escribe–, además de las “Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, leo con mucha calma y reflexión dos o tres capítulos de sus escritos sobre la Divina Voluntad y las impresiones que recibo son íntimas y profundas. Yo veo en ellos una ciencia sublime y divina, aunque aún no la he podido penetrar totalmente por mi falta de inteligencia. Son escritos que es necesario que ya se den a conocer al mundo. Creo que harán muchísimo bien. Por cuanto sublime es esta ciencia de la Divina Voluntad, tanto más estos escritos dictados por el cielo, presentan más clara y pura esta doctrina. Y según mi parecer ninguna inteligencia humana habría podido formularlos ».

 

« Sigo leyendo sus escritos: son siempre revelaciones sublimes, comparaciones dignas del Divino Creador; como por ejemplo la del latido del corazón comparado al acto único del Fiat Divino ».

 

Y cuando decimos que la Divina Voluntad llegó a polarizar del todo su espiritualidad y toda su vida tanto interna como externa, no es que sea nuestro modo de ver sino que son palabras suyas. Y esto podemos verlo en el siguiente párrafo, de donde también se puede deducir claramente hasta donde quiere llegar la Divina Voluntad en las almas en las cuales quiere reinar:

« Sepa que yo ya no me ocupo casi para nada de mis institutos desde que me he dedicado totalmente a la grande obra de la Divina Voluntad. Hablo de ella con personas espirituales, me entretengo sobre este asunto con quien mejor puedo, hago la mayor propaganda que puedo, incluso en mis institutos … »

El Padre Aníbal, conforme iba penetrando en la espiritualidad de Luisa, se iba dando cuenta de la necesidad de dar a conocer al mundo todos los escritos que Nuestro Señor le había hecho escribir a Luisa sobre la Divina Voluntad, para que el Reino de Dios apresurara su venida sobre la tierra y que la Divina Voluntad se hiciera como en el cielo así en la tierra; por lo que la Divina Providencia quiso que fuera nombrado no solamente director espiritual en todo lo referente a los escritos de Luisa y a su publicación, sino también Censor eclesiástico de éstos:

« Su Excelencia Mons. Arzobispo me ha dado autoridad sobre ud. en lo que respecta a sus escritos y a su publicación, es decir, de dirigirla a ud. y de ocuparme de la publicación de sus escritos. “Pues lo creo justo” me dijo el señor Arzobispo.

 

Estas facultades abrazan todo lo que ha escrito ud. hasta ahora y lo que escribirá en el futuro.

 

El Señor Arzobispo se ha complacido en poner en mí tanta confianza para este trabajo —habiéndolo así dispuesto Jesús bendito—, que me nombró, Revisor Eclesiástico para las publicaciones de sus tres Diócesis, y llegó hasta comprometerse a poner con su autoridad el Imprimátur a mi Nihil Obstat.

 

Por todo esto puede ud. concluir muy bien que todo ha sido Voluntad de Dios, y que ud. en todo lo que respecta a sus escritos, sean presentes que futuros, está perfectamente bajo mi exclusiva obediencia. »

 

Y así dándose cuenta de toda la importancia de dichos escritos de cielo, le impone a Luisa una dura obediencia que ya hasta aquel entonces Luisa había cumplido fielmente por orden de sus confesores, pero que desde ahora se haría más dura para ella:

« Desde hace algunos días leyendo sus escritos me llamaba la atención la notable distancia que pasaba entre un capítulo y otro. A veces ud, pasa 10 o 15 días sin escribir. Y me preguntaba: ¿pero es posible que en estos grandes intervalos no haya pasado nada entre el alma y Jesús? ¿Es que cesan por tanto tiempo las comunicaciones? ¿Que no hay nada que referir en esos períodos? ¡Quién sabe cuántas cosas calla el alma!

San Aníbal

Y mientras estaba pensando esto, me sucede que me encuentro en el capítulo del 4 de Mayo de 1906 del volumen VII y leo estas palabras que Jesús le dice:

“ Hija mía, quiero que seas más precisa, más exacta, que manifiestes todo cuando escribes, porque muchas cosas las sobrepasas, a ti te sirven aunque no las escribes, pero muchas cosas que tú descuidas deberán servirles a los demás.”

 

« Así pues —escribe el P.—, en vista de la Divina Voluntad que aquí se manifiesta y que tantas veces se ha manifestado de igual modo, yo, a nombre de Jesús y por la autoridad que me ha sido conferida por vuestro superior eclesiástico, le doy la absoluta y enérgica obediencia de que día por día, noche por noche, vez por vez, escriba con precisión totalmente todo lo que sucede entre ud. y Jesús, aunque sean las cosas más íntimas. Fíjese bien que no sólo las palabras que Jesús le dice debe escribir exactamente, sino que también las luces infusas, incluso lo que le hace comprender sin hablarle… »

 

« Quiero decirle para tranquilizar su conciencia, que la obediencia de escribir todo no es bajo pecado grave, sino sólo para complacer mayormente a Jesús adorable y para su mayor gloria, para su santificación y para el bien de las almas. Pero cuando descuide totalmente de escribir, la culpa será grave ».

En vista de esta nueva obediencia, si hasta entonces ya Luisa escribía tantísimo, de ahora en adelante sus escritos se multiplicarán mayormente, pues con toda fidelidad Luisa nunca descuidó esta obediencia; aunque en muchas ocasiones le costó tanto, sobre todo por tener que escribir cosas muy íntimas de sí misma, como varias veces se lee en sus escritos. Escribe el Padre:

« La señora obediencia [1] le impone a ud. que escriba todo, todo cuanto el Señor le revela, nada se le debe escapar. Es palabra de la sabiduría increada y una sola palabra vale más que todo el universo. Así pues, no le es lícito descuidar ni siquiera una sola sílaba. Si no es ud. exacta en esta obediencia haré que le sea dada mayor autorización de parte de su Arzobispo ».

Siendo ya Censor Eclesiástico de la Arquidiócesis de Trani, escribe el Santo:

« Ayer viernes primero del mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, le doy la noticia de que le presenté a Nuestro Señor el Volumen 3 que terminé de revisar totalmente. Después entré a la sacristía y lo firmé con mi “Nihil Obstat” con la autoridad que me ha dado el Señor Arzobispo de Trani, nombrándome Censor Eclesiástico de sus tres diócesis.

 

De este modo se abre la autorización para publicar al mundo entero estos libros dictados por Nuestro Señor sobre la Divina Voluntad. Una vez que termine de revisar los demás volúmenes que no he leído les pondré mi Nihil Obstat y se los presentaré al Señor Arzobispo, para que, como me lo prometió, les ponga su “Imprimatur” a cada uno, como también a los que ya había yo revisado y que ud. los tiene. De este modo todo estará listo para el futuro, quien sabe de quien se quiera servir Nuestro Señor[2].

 

¿Se da Ud. cuenta cómo aparece bien delineado el plan del cielo con la aprobación eclesiástica de estos escritos? ¿Quién puede ponerle resistencia al Querer Divino? »

 

« El Señor Arzobispo les ha puesto ya su Imprimátur a otros 7 volúmenes de sus escritos; yo en tanto estoy terminando el volumen 2, el 6 y el 5. Verdaderamente el Señor la ha conducido a ud. con inmensa bondad y caridad ».

 

« Estoy terminando el volumen 11 que está lleno de Divina Voluntad y con éste estarán listos los otros 7 volúmenes que me faltaban terminar para que el Señor Arzobispo les pusiera su Imprimátur. Apenas estén listos les pondré mi Nihil Obstat, y mandaré a un hermano laico a Trani a ver al Arzobispo, para que les ponga el Imprimátur. Así se habrá provisto este hecho importantísimo de obtener la aprobación eclesiástica para cualquier evento futuro. Será un punto superado por el cual debemos darle gracias a Nuestro Señor con inmensa gratitud.

 

[1] Así le llamaba Luisa a la obediencia por el gran respeto que le tenía.
[2]Muy interesantes palabras: “todo estará listo para el futuro”. Parecería que ya intuía que no sería él sino algún otro quien publicaría los volúmenes de Luisa.