El Santo Aníbal María di Francia

« Me he dedicado totalmente
a la grande obra de la Divina Voluntad. »

 

El 7 de octubre de 1991, el Papa Juan Pablo II, con su Autoridad Apostólica, proclamó Beato al Padre Aníbal María di Francia, durante una celebración que se llevó a cabo solemnemente en la Plaza de San Pedro en la ciudad del Vaticano, en la presencia de numerosos Cardenales y Obispos de todo el mundo reunidos para celebrar el Sínodo de Obispos que en aquella ocasión se dedicó a “La formación de los sacerdotes”.

Como ha sido costumbre de nuestro amado Papa, cada vez que se ha celebrado un Sínodo de Obispos él ha querido beatificar o canonizar a algún miembro de la Iglesia que fuera ejemplo del tema al que se dedicaba el Sínodo en cada ocasión. Así que podemos decir que no por puro caso la Divina Voluntad quiso que el Papa escogiera precisamente al P. Aníbal M. di Francia para proponerlo especialmente en aquella ocasión como un ejemplo de santidad que debemos seguir: “Porque la Voluntad de Dios es nuestra santificación” (1 Tes. 4,3).

La beatificación del P. Aníbal ha sido un signo profético para la Iglesia de hoy, para todos los bautizados y especialmente para todos los sacerdotes; un signo profético para estos tiempos tan tristes y llenos de confusión, en los que el hombre se ha olvidado de hacer la Voluntad de Dios; y por supuesto un signo profético sumamente alentador para “la grande obra de la Divina Voluntad”, como él mismo, el Padre Aníbal, la llamara, y una confirmación y aprobación de lo alto a todos los escritos de Luisa sobre la Divina Voluntad.

San Aníbal M. di Francia

Fundador de dos congregaciones religiosas —los P. Rogacionistas del Corazón de Jesús y las Hijas del Divino Celo del Corazón de Jesús—, de varias obras de beneficencia —como los Orfanatorios Antonianos—, llamado por el pueblo “Apóstol de la Caridad” y por el Papa “Apóstol de las Vocaciones”, quiso Nuestro Señor coronar su obra en él haciendo que conociera a Luisa, “La Pequeña Hija de la Divina Voluntad”, hacia el final de su vida.

Las enseñanzas que Nuestro Señor le dio a Luisa sobre la Divina Voluntad, hicieron que en el P. Aníbal su espiritualidad fuera asumiendo una nueva característica, que llegó a transformar toda su vida interior, por lo que bien podemos decir que fue uno de los primeros Hijos de la Divina Voluntad y por lo tanto uno de los primeros apóstoles de la Divina Voluntad.

El P. Aníbal conoció a Luisa por el año de 1910, y por 17 años esta amistad espiritual se fue intensificando siempre más, como veremos, hasta el día de su nacimiento al cielo el 1 de junio de 1927, fecha en la que el Papa ha establecido que se celebre su fiesta litúrgica.

Se le encontraba muy frecuentemente en casa de Luisa, de quien era confesor extraordinario, y en sus últimos años, fue designado por el Arzobispo de Trani director en todo lo que se refería a sus escritos, en vista a su publicación, y por tanto fue nominado Censor Eclesiástico de la Arquidiócesis de Trani-Barletta-Bisceglie.

Así mismo fue el primero que dio inicio a la publicación de los escritos de Luisa, siendo el primero de estos el libro de « Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo », escrito por Luisa hacia el año de 1913 – 1914, y del cual San Aníbal hizo cuatro ediciones (1915, 1916, 1917, 1921) todas con el Nihil Obstat y el Imprimátur.