La misión de Luisa

La misión de una persona no sólo es el capítulo fundamental de su vida, sino el elemento esencial de su individualidad, la razón de ser de su existencia, su verdadera fisonomía terrena y celestial, su vocación eterna, su puesto ne el eterno Proyecto de Dios, en el “Fiat” (“Hágase”) eterno de su Querer. No tener en cuenta la misión de una persona –en este caso, de Luisa–, reduciendo su vida a un relato, a una serie de episodios, por más que sean edificantes, sería no comprender nada, sería algo absurdo, un sacrilegio.

La mayor parte de los seres humanos pasa por el mundo sin saber la razón por la que han venido al mundo. No comprenden las coordinadas fundamentales de su ser y de su vida: ¿Quién soy? ¿Para qué he nacido? ¿De dónde vengo y adónde voy? ¿Cuál es mi familia, cuál es mi patria, quién es mi padre, quién me ha creado? ¿De qué se trata, qué debo hacer, qué puedo esperarme?… Y la respuesta a nadie puede venirle de sí mismo: solamente Aquel que hace todas las cosas conforme al decreto de su Voluntad (Ef. 1,11) nos la puede dar.

Por eso, solamente Luisa puede hablar de sí y de su misión: ha debido referir le palabras del Señor. Con inmensa violencia, crucificando hasta el fin su pudor espiritual, el concepto vivísimo de su propia nada. Haciendo prevalecer el derecho de Dio, ¡dando gloria a Dios!

 

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  1. "Hija mía, ánimo, no quieras turbarte; lo que ha hecho tu Jesús era necesario a mi amor y a la importancia de lo que te debía manifestar acerca de mi Divina Voluntad. Puedo decir que había de servir a mi misma vida y a hacerme cumplir la obra de la Creación. Por eso era necesario que al principio de este estado tuyo empleara contigo tantos estratagemas de amor; tuve tantas intimidades contigo, que parece increíble cómo llegué a tanto; también te hice tanto sufrir, para ver si tú te sometías a todo, y después te ahogaba con mis gracias, con mi amor, y de nuevo te sometía a las penas, para estar seguro de que no me habrías negado nada, y eso para vencer tu voluntad. Oh, si Yo no te hubiera mostrado cuánto te amaba, si no te hubiera concedido tantas gracias, ¿crees tú que era fácil, que te habrías sometido a este estado de penas y durante tanto tiempo? Era mi amor, mis verdades, lo que te tenían y te tienen todavía atraída como por un imán a quien tanto te ama. Sin embargo todo lo que he hecho al principio de este estado tuyo era necesario, porque tenía que servir de fondo, de decencia, decoro, preparación, santidad y disposición a las grandes verdades que te había de manifestar sobre mi Divina Voluntad.

    Por eso de los escritos tendré Yo más interés que tú, porque son los míos, y una sola verdad sobre mi «Fiat» me cuesta tanto que supera el valor de toda la Creación, porque la Creación es obra mía, mientras que mi verdad es vida mía y vida que quiero dar a las criaturas; y lo puedes comprender por lo que has sufrido y por las gracias que te he dado para llegar a manifestarte mis verdades sobre mi Santo Querer…” (19.05.1938).

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  2. …¡Oh, qué escaso es el número de quienes fundan toda su vida en el amor! Te recomiendo, hija mía, haz saber a todos los que puedas, que todo consiste en el amor, la necesidad del amor, y que todo lo que no es amor, aunque sean cosas santas, en vez de hacerles ir adelante, les hace ir atrás. Que tu misión sea enseñar la verdadera vida de amor, en la que está todo lo bello de las criaturas y todo lo más bello que pueden darme”.


    Y yo: “¡Cuánto hace falta para comprenderlo! A algunos les parece que sean cosas raras que todo consista en el amor y que, amando, el amor se encarga de hacerlos semejantes a Tí que eres todo amor; pero por lo demás haré todo lo que pueda”. (14.10.1911).

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  3. …Por eso te hablo a menudo del vivir en mi Querer, que hasta ahora no he manifestado a nadie. Al máximo han conocido la sombra de mi Voluntad, la gracia y la dulzura que contiene el hacerla, pero entrar en Ella, abrazar su inmensità, multiplicarse conmigo y penetrar en todo, aun estando en la tierra, en el Cielo y en los corazones, dejar los modos humanos y obrar con modos divinos, eso aún no es conocido, tanto que a no pocos les parecerá extraño, y quien no tiene abierta la mente a la luz de la verdad no comprenderá nada. Pero Yo poco a poco me abriré camino, manifestando ya sea una verdad, ya sea otra de este vivir en mi Querer, y acabarán comprendiendolo.

    Pues bien, el primer eslabón que unió el verdadero vivir en mi Querer fue mi Humanidad. Mi Humanidad, identificandose con mi Divinidad, nadaba en el Querer Eterno e iba buscando todos los actos de las criaturas para hacerlos suyos, dando al Padre de parte de las criaturas una gloria divina, y dando a todos los actos de las criaturas el valor, el amor, el beso del Querer Eterno. En este ambiente del Querer Eterno Yo veía todos los actos de las criaturas, los que se podían hacer y no estaban hechos y los mismos actos buenos mal hechos, y Yo hacía los no hechos y rehacía los mal hechos. Ahora bien, estos actos no hechos, hechos sólo por Mí, estan suspendidos todos en mi Querer, y espero a las criaturas que vengan a vivir en mi Querer y repitan en mi Voluntad lo que hice Yo.

    Por eso te he escogido como segundo eslabón de unión con mi Humanidad, formando un solo eslabón con el mío, viviendo en mi Querer, repitiendo mis mismos actos. De lo contrario, por parte de las criaturas mi Amor se quedaría sin desahogo y sin la gloria de lo que mi Divinidad hizo en mi Humanidad, y sin la perfecta finalidad de la Creación, que debe ser puesta y perfeccionada en mi Querer. Sería como si hubiera derramado toda mi sangre y sufrido tanto y nadie lo hubiera sabido: ¿quién me habría amado? ¿Qué corazón se habría conmovido? Ninguno, y por tanto en ninguno habría obtenido los frutos y la gloria de la Redención”.

    Y yo, interrumpiendo a Jesús, le he dicho: “Amor mío, si tanto bien es este vivir en el Querer Divino, ¿por qué no lo has manifestado antes?”
    Y El:“Hija mía, antes tenía que hacer conocer lo que hizo y sufrió mi Humanidad por fuera, para poder disponer los ánimos a conocer lo que hizo mi Divinidad por dentro. La criatura es incapaz de comprender todo junto mi obrar; por eso voy manifestandome poco a poco. Después, a tu eslabón de unión conmigo se unirán los otros eslabones de las criaturas y tendré una multitud de almas que viviendo en mi Querer reharán todos los actos de las criaturas, y tendré la gloria de tantos actos suspendidos, hechos sólo por Mí, hechos también por las criaturas, y éstas de todas clases: vírgenes, sacerdotes, seglares, según su propio oficio. Ya no obrarán humanamente, sino que penetrando en mi Querer, sus actos se multiplicarán por todos de un modo todo divino, y tendré de parte de las criaturas la gloria divina de tantos sacramentos recibidos y administrados de modo humano, de otros profanados, de otros enfangados por el interés, de tantas obras buenas que me dan más deshonor que honor. Suspiro tanto ese tiempo, y tú pídelo y suspiralo conmigo, y no separes tu eslabón de unión con el mío, empezando tú la primera”. (29.01.1919).

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  5. Continúo diciendo lo que está escrito el 29 de enero.

    Estaba dicendo a mi dulce Jesús: “¿Será posible que sea yo el segundo eslabón de unión con tu Humanidad? Hay almas tan queridas por Tí, que yo no merezco estar bajo sus pies; y luego está tu inseparable Mamá, que ocupa el primer puesto en todo y sobre todo. Me parece, dulce Amor mío, que quieres bromear conmigo, y sin embargo me veo obligada por la obediencia, con la más cruda amargura de mi alma, a poner ésto por escrito. ¡Jesús mío, ten piedad de mi duro martirio!”

    Mientras decía eso, mi siempre amable Jesús, acariciandome, me ha dicho:
    “Hija mia, ¿por qué te inquietas? ¿Acaso no acostumbro a elegir del polvo y hacer grandes portentos, prodigios de Gracia? Todo el honor es mío, y cuanto más débil e ínfimo es quien elijo, más quedo glorificado. Y además, mi Mamá no está en la parte secundaria de mi Amor, de mi Querer, sino que forma un solo eslabón conmigo. Y también es verdad que tengo almas que Me son queridísimas, pero eso no excluye que Yo pueda llamar a una en vez que a otra, a una altura de oficio, y no sólo de oficio, sino a tal altura de santidad, como conviene para vivir en mi Querer.

    Las gracias que no eran necesarias para los demás, que no he llamado a vivir en esta inmensidad de santidad de mi Voluntad, son necesarias a tí, que he elegido desde la eternidad. En estos tiempos tristísimos te he elegido, para que viviendo en mi Querer me dieras amor divino, reparación y satisfacción divina, que se hallan sólo en el vivir en mi Querer. Los tiempos, mi Amor, mi Querer requieren desahogar más el amor. Ante tanta impiedad humana, ¿es que no puedo hacer lo que quiero? ¿Acaso puede atarme alguien? No, no. Por eso cálmate y séme fiel”. (09.02.1919).

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  7. Hija mia, mi Mamá, con su amor, con sus oraciones y con su anonadamiento, me llamó del Cielo a la tierra, a encarnarme en su seno. Tú, con tu amor y con perderte siempre en mi Querer, llamarás a mi Voluntad a que haga vida en tí sobre la tierra y luego me darás vida en las otras criaturas. Sin embargo has de saber que a mi Mamá, con haberme llamado del Cielo a la tierra, a su seno, siendo acto único lo que hizo y que nunca más se repetirá, Yo la enriquecí con todas las gracias, la doté de tanto amor que supera el amor de todas las demás criaturas juntas, le dí el primado en los privilegios, en la gloria, en todo. Podría decir que todo el Eterno se redujo a un solo punto y se vertió en Ella a torrentes, a mares inmensos, tanto que todos quedan por debajo de Ella. Tú, con llamar mi Voluntad en tí, haces también un acto único; por tanto, por decoro de mi Voluntad que debe habitar en tí, tengo que derramar tanta gracia, tanto amor, para hacer que superes todas las demás criaturas. Y como mi Voluntad tiene la supremacía sobre todo y es eterna, inmensa, infinita, donde la vida de mi Voluntad ha de tener principio y cumplimiento he de comunicarla, dotarla, enriquecerla con las mismas cualidades de mi Voluntad, dandole la supremacía sobre todo. Mi Querer eterno tomará el pasado, el presente y el futuro, los reducirá a un solo punto y los derramará en tí. Mi Voluntad es eterna y quiere tener vida donde halla lo eterno, es inmensa y quiere vida en la inmensidad, es infinita y quiere encontrar la infinidad: ¿cómo puedo encontrar todo eso, si antes no lo derramo en tí?”


    Y, al oir eso, me he quedado espantada y aterrorizada (y si lo he escrito es porque la obediencia se ha impuesto) y he dicho: “Jesús, ¿qué dices? ¿Es que quieres confundirme y humillarme hasta el polvo? Siento que no puedo soportar siquiera lo que Tú dices, siento un terror que toda me espanta”.

    Y El ha añadido: “Lo que te digo Me servirá a Mí mismo, es necesario a la santidad y dignidad de mi Voluntad. No me rebajo a vivir donde no encuentro las cosas que me pertenecen. Tú no serás más que la depositaria de tanto bien, que debes ser celosa de custodiar. Por eso, ten ánimo y no temas”. (08.03.1921).

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  9. Estaba dicendo a mi dulce Jesús: “Yo no sé; cuanto más dices que me das por medio de tu santo Querer, tanto más me siento despreciable y fea. Habría tenido que sentirme mejor, más buena, pero es todo lo contrario”.


    Y Jesús me ha dicho: “Hija mía, cuanto más crece en tí el grano de mi Voluntad, tanto más sientes que tu paja no vale nada, porque cuando la espiga empieza a formarse, el grano y la paja son una sola cosa; pero cuando se forma la vida de la espiga, al formarse el grano la espiga se separa del grano y queda sólo como defensa del grano. Así que cuanto más despreciable te sientes, es que el grano de mi Voluntad se va formando en tí y se acerca a la maduración perfecta. La paja en tí no es más que tu débil naturaleza, que viviendo junto a la santidad y nobleza de mi Voluntad más se siente despreciable”.

    Luego ha añadido: “Amada mía, hasta ahora has ocupado ante Mí el oficio que tuvo mi Humanidad en la tierra. Ahora quiero cambiarte el oficio, dandote otro más noble, más grande; quiero darte el oficio que tuvo mi Voluntad en mi Humanidad. ¿Ves cómo es más alto, más sublime? Mi Humanidad tuvo principio, mi Voluntad es eterna; mi Humanidad es circunscrita y limitata, mi Voluntad no tiene límites ni confines, es inmensa. Oficio más noble y distinguido no podría darte”.

    Yo, al oir eso, he dicho: “Dulce Jesús mío, yo no me explico por qué quieres darme un oficio así, ni he hecho nada para poder merecer semejante favor”.

    Y Jesús: “Todo el motivo es mi amor, tu pequeñez, tu vivir en mis brazos como una niña que no se preocupa de nada más que sólo de su Jesús, el no negarme nunca cualquier sacrificio que te haya pedido. Yo no me dejo encantar por las cosas grandes, porque en las cosas aparentemente grandes hay siempre algo humano, sino por las cosas pequeñas, aparentemente pequeñas, pero grandes en sí mismas. Además, habrías debido saberlo tú misma, que tenía que darte una misión especial en mi Voluntad: ese hablarte siempre de mi Querer, ese hacerte comprender sus admirables efectos, cosa que no he hecho con nadie hasta ahora. He hecho contigo como un maestro, cuando quiere que su discípulo sea perfecto, o en medicina o en historia o en algo: parece que no sabe hablar de otra cosa, siempre insiste sobre ese punto. Así he hecho contigo, me he puesto como Maestro de Voluntad Divina, como si ignorase todo lo demás. Después de haberte instruido a base de bien, te he manifestado tu misión y cómo en tí tendrá principio el cumplimiento del «Fiat Voluntas tua» en la tierra. ¡Animo, hija mía! Veo que te abates. No temas; tendrás toda mi Voluntad para ayudarte y sostenerte”. (17.03.1921).

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  11. "…Tú debes saber que Yo, cuando vine a la tierra, vine a manifestar mi doctrina celestial, a hacer conocer mi Humanidad, mi Patria y el orden que la criatura debía tener para ir al Cielo, en una palabra, el Evangelio; pero de mi Voluntad casi nada o muy poco dije, casi la pasé por alto, haciendo entender que lo que más me importaba era la Voluntad de mi Padre. De sus cualidades, de su altura y grandeza, de los grandes bienes que la criatura recibe viviendo en mi Querer, casi nada dije, porque la criatura, siendo demasiado infantil en las cosas del Cielo, no habría entendido nada; sólo la enseñé a rezar: «Fiat Voluntas tua, sicut in Cœlo et in terra», para que se preparara a conocer esta Voluntad mía para amarla y hacerla, y de este modo recibir los bienes que contiene. Pues bien, lo que habría hecho entonces, las enseñanzas que tenía que dar a todos sobre mi Voluntad, te las he dado a tí, así que con hacerlas conocer no haces más que suplir lo que habría hecho Yo estando en la tierra, para dar cumplimiento a mi venida. Por tanto, ¿no quieres tú que cumpla la finalidad de mi venida a la tierra? Por eso déjame obrar; Yo vigilaré todo y prepararé todo, y tú sígueme y quédate en paz.” (02.06.1921).
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  13. "Sabe que tu vida debe ser el «Fiat»: mi «Fiat» te hizo salir a la luz y, como una noble reina, llevando en tu seno el «Fiat» Creador, debes recorrer el campo de la vida en alas de ese mismo «Fiat», arrojando por doquier la semilla de mi Voluntad, para poder formar tantos otros centros de mi Vida en la tierra, y después volver en mi mismo «Fiat» al Cielo. Séme fiel y mi Voluntad será para tí vida, mano para guiarte, pie para caminar, boca para hablar, es decir, te sustituirá en todo.” (12.06.1921).
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  15. "Hija mía, dura y penosa fue mi agonía en el huerto, tal vez más penosa que la de la cruz, porque si ésta fue cumplimiento y triunfo sobre todos, aquí en el huerto fue el principio, y los males se sienten más antes que cuando han terminado; pero en esta agonía la pena más amarga fue cuando se me presentaron delante uno por uno todos los pecados. Mi Humanidad comprendió toda su enormidad, y cada delito llevaba grabado «muerte a un Dios», armado de espada para matarme. Ante la Divinidad la culpa me aparecía tan horrenda y más horrible que la misma muerte; con sólo comprender qué significa pecado, Yo me sentía morir y moría de verdad. Grité al Padre y fue inexorable; no hubo al menos uno que me ayudara para no dejarme morir. Grité a todas las criaturas que tuvieran piedad de Mí, pero en vano, así que mi Humanidad agonizaba y estaba a punto de recibir el último golpe de la muerte.

    ¿Pero sabes tú quién impidió la ejecución y sostuvo mi Humanidad para que no muriera? La primera fue mi inseparable Mamá. Ella, al oirme pedir ayuda, voló a mi lado y me sostuvo, y Yo apoyé mi brazo derecho en Ella, la ví casi moribunda y encontré en Ella la inmensidad de mi Voluntad íntegra, sin que hubiera habido nunca ruptura entre mi Voluntad y la suya. Mi Voluntad es Vida y, ya que la Voluntad del Padre era inamovible y la muerte me venía de las criaturas, otra criatura que tenía la Vida de mi Voluntad me la daba: era mi Madre, que en el portento de mi Voluntad me concibió y me hizo nacer en el tiempo, y ahora me daba por segunda vez la vida para hacerme cumplir la obra de la Redención.

    Después miré a la izquierda y hallé a la pequeña hija de mi Querer; te encontré a tí la primera, seguida por las demás hijas de mi Voluntad, y así como quise conmigo a mi Madre como primer eslabón de la misericordia, por el que habíamos de abrir las puertas a todas las criaturas y quise por eso apoyar la derecha, así te
    quise a tí como primer eslabón de justicia, para impedir que ésta se descargara sobre todas las criaturas como se merecen; por eso quise apoyar la izquierda, para que la sostuvieras conmigo. Por tanto, con estos dos apoyos Yo me sentí devolver la vida y, como si nada hubiera sufrido, con paso firme salí al encuentro de los enemigos. Y en todas las penas que sufrí en mi Pasión, capaces muchas de ellas de darme la muerte, esos dos apoyos nunca me dejaron, y cuando me veían próximo a morir, con mi Voluntad que poseían me sostenían y me daban como tantos sorbos de vida…” (19.11.1921).
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  17. Estaba pensando en lo que está escrito el día 19 del corriente mes y decía para mí: “¿Cómoesposible que después de mi Mamá sea yo el segundo apoyo?”

    Y mi dulce Jesús, atrayendome a El dentro de una luz inmensa, me ha dicho: “Hija mía, ¿por qué dudas? ¿Cuál es la razón?”

    Y yo: “Por mi gran miseria”.

    Y El: “Eso déjalo aparte; y luego, si no te elegía a tí, debía elegir sin duda a otra de la familia humana, porque ésta se rebeló a mi Voluntad y al rebelarse me quitó la finalidad de la gloria, del honor que la Creación debía darme; por consiguiente otra de la misma familia humana, con mantener una continua conexión con mi Querer, con vivir más con mi Voluntad que con la suya, abrazando todo en mi Querer, debía elevarse sobre todo para poner a los pies de mi trono la gloria, el honor, el amor que todos los demás no me han dado.

    Unica finalidad de la Creación fue que todos cumplieran mi Querer, no que el hombre realizara cosas grandes, que, al contrario, las miro como cosas sin valor y con desprecio si no son fruto de mi Voluntad, y por eso muchas obras cuando menos se espera se destruyen, porque la Vida de mi Voluntad no está en ellas. Por lo cual el hombre, habiendo roto
    la unión de su voluntad con la Mía, me destruyó lo más hermoso, la finalidad para la que lo había creado. El se arruinó completamente y me negó todos los derechos que me debía como Creador. Pero mis obras tienen la marca del Eterno, y mi infinita Sabiduría y mi eterno Amor no podían dejar la obra de la Creación sin sus efectos y sin los derechos que se me deben. Por eso hice la Redención: quise expiar con tantas penas las culpas del hombre, con no hacer nunca mi voluntad, sino siempre la de la Divinidad; y hasta en las cosas más pequeñas, como respirar, mirar, hablar, etc., mi Humanidad no se movía ni tenía vida si no era animada por la Voluntad de mi Padre. Me habría contentado con morir mil veces antes que dar un respiro sin su Querer. Así reanudé nuevamente la voluntad humana y la Divina, y sólo en mi Persona, por ser Yo también verdadero hombre y verdadero Dios, daba de nuevo a mi Padre toda la gloria y los derechos que se le debían.

    Pero mi Querer y mi Amor no quieren estar solos en mis obras, quieren hacer otras imágenes semejantes a Mí y, habiendo reparado mi Humanidad la finalidad de la Creación, por culpa de la ingratitud del hombre ví que la finalidad de la Redención estaba en peligro y para muchos era casi inutil. Por eso, para hacer que la Redención me diera gloria completa y todos los derechos que se me debían, tomé otra criatura de la familia humana, que fue mi Madre, copia fiel de mi Vida, en quien mi Voluntad se conservaba íntegra, y puse en Ella todos los frutos de la Redención, con lo cual puse a salvo la finalidad de la Creación y
    de la Redención, y mi Madre, aunque nadie se hubiera aprovechado de la Redención, me habría dado todo lo que las criaturas debían darme.

    Ahora llego a tí.
    Yo era verdadero hombre y verdadero Dios, mi querida Mamá era inocente y santa, y nuestro amor nos llevó más lejos: queríamos otra criatura que, concebida como todos los demás hijos de los hombres, ocupase el tercer puesto a mi lado. No me contentaba con que sólo mi Madre y Yo tuveramos íntegra la Voluntad Divina; queríamos otros hijos, que en nombre de todos, viviendo en pleno acuerdo con nuestra Voluntad, nos dieran gloria y amor divino por todos. Per eso te llamé a tí desde la eternidad, cuando aún no existía nada acá abajo, y como suspiraba a mi Mamá querida, deleitandome, acariciandola y derramando a torrentes en Ella todos los bienes de la Divinidad, así te suspiraba a tí, te acariciaba y los torrentes que llovían sobre mi Madre te inundaban a tí, en la medida que eras capaz de contenerlos, y te preparaban, te prevenían y, embelleciendote, te daban la gracia de que mi Voluntad estuviera íntegra en tí y que no la tuya, sino la Mía, animase incluso tus actos más pequeños. En cada acto tuyo corría mi Vida, mi Querer y todo mi Amor. ¡Qué contento, qué alegría sentía! Por eso te llamo segundo apoyo después de mi Madre. No me apoyaba en tí, que eres nada y no podía apoyarme, sino sobre mi Voluntad que tú habías de tener. Mi Voluntad es vida y quien la posee, posee la vida y puede sostener al Autor de la misma vida. Por eso, igual que centré en Mí la finalidad de la Creación y en mi Madre los frutos de la Redención, así la finalidad de la gloria, como si mi Querer estuviera íntegro en todos, la centré en tí, de quien vendrá el escuadrón de las otras criaturas. No se acabarán las generaciones hasta que no logre mi intento”. (26.11.1921).

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  19. "Hija mía, oremos juntos, entremos en el mar inmenso de mi Voluntad para hacer que nada salga de tí que no entre en Ella. El pensamiento, la palabra, el latido, la obra, el paso, todo debe tomar su puesto en mi Voluntad. Con cada cosa que hagas en Ella tomarás una posesión más y adquirirás un derecho mayor. Todos los actos humanos, según el fin de la Creación, tenían que tener vida en mi Querer y formar en El el proyecto de todos los actos humanos convertidos en actos divinos, con la marca de la nobleza, santidad y sabiduría suprema. No era Voluntad nuestra que el hombre se saliera de Nosotros, sino que viviera con Nosotros, creciendo a nuestra semejanza y obrando con nuestros mismos modos. Por eso quería que todos sus actos fueran hechos en mi Querer, para darle el espacio en que formar su riachuelo en el mar inmenso de mi Querer.

    Yo hacía como un padre que poseyendo grandes terrenos dice a su hijo: «Te doy en posesión el centro de mis propiedades, para que nunca salgas de mis confines y crezcas en mis riquezas, con mi misma nobleza y con la grandeza de mis obras, para que todos reconozcan que eres mi hijo». ¿Qué se diría de él, si no aceptara el gran don de su padre y se fuera a una tierra extranjera a vivir de miserias, embruteciendose bajo la esclavitud de crueles enemigos? Eso es lo que hizo el hombre.


    Ahora este proyecto, este riachuelo en mi Querer lo quiero en tí. Que cada pensamiento tuyo corra en El, para que reflejando nuestra Inteligencia, que es pensamiento de cada uno, se eleve sobre cada inteligencia y Nos dé el homenaje de cada pensamiento en modo divino. Que tus palabras y obras corran también, para que al reflejo de nuestra palabra «Fiat», que hizo todas las cosas y es palabra de cada uno, y a los reflejos de la santidad de nuestras obras, que es vida y movimiento de todo, elevandose y volando sobre todo, Nos den la gloria de cada palabra y de cada obra con nuestra misma palabra «Fiat» y con la misma santidad de nuestras obras. Hija mía, si todo lo que es humano, incluso un pensamiento, no se hace en mi Querer,
    el proyecto humano no toma posesión y el riachuelo no se forma, y mi Querer no puede bajar a la tierra para hacerse conocer y reinar”.

    Entonces yo, al oir eso, he dicho: “Amor mío, Jesús, ¿será posible que después de tantos siglos de vida de la Iglesia, que ha dado tantos santos, (y muchos de ellos han asombrado Cielo y tierra con las virtudes y maravillas que han hecho), no debían de hacer todo en el Divino Querer, de modo que formaran este proyecto que Tú dices? ¿Me estabas esperando precisamente a mí, la más inútil, la más mala e ignorante, para hacerlo? ¡Parece increíble!”

    Y Jesús: “Oye, hija mía, mi sabiduría tiene medios y caminos que el hombre ignora, que está obligado a inclinar la frente y adorarla en mudo silencio, y no le toca a él darme leyes, decirme a quien debo elegir y el tiempo oportuno que mi bondad dispone. Además, antes tenía que formar los santos que tenían que parecerse a Mí y copiar del modo más perfecto, en la medida que a ellos es posible, mi Humanidad, y eso ya lo he hecho. Ahora mi bondad quiere ir más allá y quiere llegar a excesos más grandes de amor, y por eso quiero que entren en mi Humanidad y que copien lo que el alma de mi Humanidad hacía en la Divina Voluntad. Si los primeros han cooperado en mi Redención para salvar las almas, enseñar la ley, desterrar la culpa, limitandose a los siglos en que han vivido, los segundos irán más allá, copiando lo que el alma de mi Humanidad hacía en la Divina Voluntad, abrazarán todos los siglos, todas las criaturas, y elevandose sobre todos pondrán en vigor los derechos de la Creación, que son míos y atañen a las criaturas, llevando todas las cosas al primer origen de la Creación y al fin para el que ésta salió. Todo está ordenado en Mí; si hice salir la Creación, debe volver a Mí ordenada, como salió de mis manos.

    Ya el primer proyecto, de los actos humanos convertidos en divinos en mi Querer, fue hecho por Mí. Lo dejé como suspendido y la criatura nada supo, excepto mi querida e inseparable Mamá, y era necesario: si el hombre no conocía el camino, la puerta, las moradas de mi Humanidad, ¿cómo podía entrar en ella y copiar lo que Yo hacía?

    Ahora ha llegado el tiempo de que la criatura entre en este proyecto y realice también el suyo en el Mío. ¿Qué tiene de extraño que te haya llamado a tí la primera? Y además, tan cierto es que te he llamado a tí la primera, que a ninguna otra alma, por mucho que Me sea querida, le he manifestado el modo de vivir en mi Querer, sus efectos, las maravillas y los bienes que recibe la criatura que obra en el Querer Supremo. Examina todas las vidas de santos que quieras, o libros de doctrina: en ninguno hallarás los prodigios de mi Querer obrando en la criatura y la criatura obrando en el Mío [1]. Al máximo encontrarás la resignación, la unión de los quereres, pero el Querer Divino obrando en la criatura y ella en el Mío, en ninguno lo hallarás. Eso significa que aún no había llegado el tiempo en que mi bondad había de llamar a la criatura a que viviera en este estado sublime. Igualmente, el mismo modo como te hago orar no se encuentra en ningún otro. Por eso sé atenta: mi justicia lo quiere exigir, mi amor delira; por eso mi sabiduría dispone todo para obtener el intento. Son los derechos, la gloria de la Creación, lo que queremos de tí.” (06.10.1922).

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  21. Después de eso, he comprendido que quería que entrara en el mar inmenso de su Voluntad, para ser reanimado del mar de las culpas de las criaturas, y yo, estrechandome más fuerte a El, he dicho: “Amado Bien mío, junto contigo quiero seguir todos los actos que hizo tu Humanidad en la Voluntad Divina. Donde llegaste Tú, quiero llegar también yo, para hacer que en todos tus actos encuentres también el mío. De modo que, como tu inteligencia recorrió en la Voluntad Suprema todas las inteligencias de las criaturas, para dar al Padre Celestial la gloria, el honor, la reparación por cada pensamiento de criatura en modo divino y sellar con la luz y con la gracia de tu Voluntad cada pensamiento de ellas, así también yo quiero recorrer cada pensamiento, desde el primero hasta el último que tendrá vida en las mentes humanas, para repetir lo que Tú has hecho; es más, quiero unirme a los de nuestra Madre Celestial, que nunca se quedó atrás, sino que siempre corrió contigo, y a los de tus Santos”.

    Al decir ésto último, Jesús me ha mirado y, lleno de ternura, me ha dicho:
    “Hija mía, en mi Voluntad Eterna encontrarás todos mis actos, como también los de mi Madre, que envuelven todos los actos de las criaturas, de la primera a la última que ha de existir, como dentro de un manto, manto que está formado como por dos partes; una se elevaba al Cielo para dar de nuevo a mi Padre, con una Voluntad Divina, todo lo que las criaturas le debían: amor, gloria, reparación y satisfacción; la otra permanecía como defensa y ayuda a las criaturas. Nadie más ha entrado en mi Voluntad Divina para hacer todo lo que hizo mi Humanidad. Mis santos han hecho mi Voluntad, pero no han venido dentro de Ella para hacer todo lo que mi Voluntad hace y tomar como en una sola mirada todos los actos, del primero al último hombre, y hacerse actores, espectadores y divinizadores. Con hacer mi Voluntad no se llega a hacer todo lo que mi Eterno Querer contiene, sino que desciende limitado a la criatura, en la medida que la criatura puede contenerlo. Sólo quien entra dentro se extiende, se difunde como luz del sol en los eternos vuelos de mi Querer y, encontrando mis actos y los de mi Madre, añade el suyo. Míra en mi Voluntad: ¿acaso hay otros actos de criatura multiplicados en los míos, que llegan hasta el último acto que se ha de cumplir en la tierra? Fíjate bien, no hallarás ninguno. Eso quiere decir que nadie ha entrado. Sólo estaba reservado abrir las puertas de mi Eterno Querer a la pequeña hija mía, para unificar sus actos a los míos y a los de mi Madre y hacer todos nuestros actos triples ante la Majestad Suprema y para bien de las criaturas. Ahora, habiendo abierto las puertas, pueden entrar otros, con tal que se dispongan a tanto bien”.

    (…) “Hija mía, mi Voluntad en el Cielo contenía el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Una era la Voluntad de las Tres Divinas Personas; mientras eran distintas entre Ellas, la Voluntad era una. Esta, siendo la única que obraba en Nosotros, formaba toda nuestra felicidad, la igualdad de amor, de potencia, de belleza, ecc. Si en vez de ser una Voluntad hubieran sido tres voluntades, nohabríamos podido ser felices y mucho menos hacer felices a los demás; habríamos sido diferentes en la potencia, en la sabiduría, en la santidad, etc… De manera que nuestra Voluntad única, que actúa en Nosotros, es todo nuestro bien, del que brotan tantos mares de felicidad, que nadie puede penetrar hasta el fondo. Ahora, nuestra Voluntad, viendo el gran bien de obrar sola en Tres Personas distintas, quiere obrar sola en tres personas distintas en la tierra, y éstas son: la Madre, el Hijo, la Esposa. De éstas quiere hacer brotar otros mares de felicidad, que darán bienes inmensos a todos los viadores [2]. ”

    Y yo, toda asombrada, he dicho: “Amor mío, ¿quienes serán esta Madre afortunada, el Hijo y la Esposa, que reflejarán a la Trinidad en la tierra y en los cuales tu Voluntad será una sola?”

    Y Jesús: “¿Cómo, no lo has entendido? Dos ya estan en su puesto de honor: mi Madre divina y Yo, Verbo Eterno, Hijo del Padre Celestial e Hijo de la Madre Celestial. Con encarnarme en el seno de Ella fui su propio Hijo. La Esposa es la pequeña hija de mi Querer. Yo estoy en medio, mi Mamá a la derecha y la Esposa a la izquierda; como mi Voluntad actúa en Mí, forma el eco a derecha y a izquierda y forma una sola Voluntad. Por eso he derramado tantas gracias en tí, he abierto las puertas de mi Querer, te he revelado los secretos, los prodigios que contiene para abrir tantos caminos y hacer que te llegue el eco de mi Querer, para que perdiendo en El el tuyo puedas vivir sólo con mi Voluntad; ¿no estás contenta?” (24.01.1923).

  22. * * *

  23. Estaba pensando: “Si Jesús quiere tanto que se conozca este modo de vivir en el Querer Divino, debiendo ser una nueva época que tanto bien ha de hacer, que ha de superar los mismos bienes de la Redención, podría hablarle al Papa, que como jefe de la Iglesia, teniendo la autoridad, podría influir enseguida en los miembros de toda la Iglesia, dando a conocer esta doctrina celestial y dar este gran bien a las humanas generaciones, o bien a alguna persona digna de crédito. A ellos sería más fácil, pero yo, pobre ignorante, desconocida, ¿cómo podré hacer que se conozca este gran bien?”

    Y Jesús, suspirando y estrechandome más fuete a El, me ha dicho: “Hija queridísima de mi Supremo Querer, tengo por costumbre hacer mis obras más grandes en almas vírgenes y desconocidas, y no sólo vírgenes de naturaleza, sino vírgenes de afectos, de corazón, de pensamiento, porque la verdadera virginidad es la sombra divina y sólo a mi sombra puedo Yo fecundar mis obras más grandes. También en el tiempo en que vine a redimir había pontífices, autoridades, pero no me dirigí a ellos porque mi sombra no estaba. Por eso elegí a una Virgen desconocida a todos, pero que Yo bien conocía, y si la verdadera virginidad es mi sombra, el elegirla desconocida era por el celo divino, que, queriendola toda para Mí, la hacía desconocida para todos los demás; pero a pesar de que esta Virgen celestial fuera desconocida, Yo me dí a conocer, abriendome camino para hacer conocer a todos la Redención.

    Cuanto más grande es la obra que quiero hacer, tanto más voy cubriendo el alma con la superficie de las cosas más corrientes. Ahora bien, siendo conocidas las personas que tú dices, el celo divino no podría mantener su vigilancia, y la sombra divina, ¡oh, qué dificil es encontrarla!

    Y además, Yo elijo a quien quiero. Está decretado que dos Vírgenes han de venir en ayuda de la humanidad [3]: una para hacer salvar al hombre, la otra para hacer reinar mi Voluntad sobre la tierra, para dar al hombre su felicidad terrestre, para unir las dos voluntades, la Divina y la humana y hacer de ellas una sola, para que la finalidad para la que fue creado el hombre tenga su pleno cumplimiento.

    Me encargaré Yo de abrirme camino para hacer que se conozca lo que quiero. Lo que más me interesa es tener la primera criatura en que poner el centro de este Querer mío y que en ella tenga vida en la tierra como en el Cielo; lo demás vendrá por sí solo. Por eso te digo siempre: continúa tu vuelo en mi Querer, porque la voluntad humana tiene debilidades, pasiones, miserias, que son velos que impiden entrar en el Querer Eterno, y si son pecados graves, son barricadas que se forman entre uno y otra, y si mi Fiat «así en la tierra como en el Cielo» no reina sobre la tierra, es precisamente ésto lo que lo impide. Por tanto, a tí te es dado romper estos velos, abatir estas barricadas y hacer de todos los actos humanos como un solo acto
    en la potencia de mi Querer, arrollando todos, y trayendolos a los pies de mi Padre Celestial, como besados y sellados por su mismo Querer, para que al ver que una criatura ha cubierto toda la familia humana con su Voluntad, atraído, complacido, por medio de ella haga descender su Voluntad a la tierra, para hacer que reine en la tierra como en el Cielo.” (20.04.1923).

  24. * * *

  25. De todo lo que mi dulce Jesús me ha dicho de su Stmo. Querer, estaba pensando: “¿Será possible que no haya habido hasta ahora un alma que no haya vivido en el Divino Querer y que sea yo la primera? ¡Quién sabe cuántas otras habrá habido antes que yo y de un modo más perfecto, más activo yo!”


    Pero mientras decía eso, mi siempre amable Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho: “Hija mía, ¿por qué no quieres reconocer el don, la gracia, tu misión de haber sido llamada de un modo todo especial y nuevo a vivir en mi Querer? Si hubiera habido otras almas en mi Iglesia antes de tí, siendo el vivir en mi Querer la cosa más importante, lo que más me interesa y que tanto deseo, habría habido huellas, normas, enseñanzas en mi Iglesia de quien habría tenido la suerte de hacer vida en mi Voluntad; estarían los conocimientos, los atractivos, los efectos, los bienes que tiene este vivir en mi Querer. Si existen tantas otras manifestaciones, habría hecho uso de mi potencia, haciendo saber el modo sublime del vivir en mi Querer. En vista de mi gran complacencia y al verme honrado por el alma con la gloria de mi misma Voluntad, habría insistido tanto al alma, que no habría podido resistirme, para que manifestara lo que Yo quería. Como existen los escritos, las enseñanzas sobre el vivir resignado, paciente, obediente, etcétera, existiría también ésto. Sería de veras asombroso y extraño que hubiera dejado escondido lo que más amaba. Al contrario, cuanto más se ama, más se quiere dar a conocer; cuanta mayor complacencia y gloria me da un modo de vivir, más quiero difundirlo. No es naturaleza del verdadero amor esconder lo que puede hacer felices y enriquecer a otros.

    Si tú supieras cómo suspiraba este tiempo, que viniera al mundo mi pequeña recién nacida en mi Voluntad, para hacer que vivieras en mi Querer, y qué cortejo de gracias preparaba para lograrlo, te quedarías aturdida y estarías más agradecida y más atenta.


    ¡Ah, tú no sabes lo que significa vivir en mi Querer! Significa hacerme retornar las puras alegrías del fin de la Creación, mis inocentes diversiones por las que creé al hombre, significa quitarme toda la amargura que la pérfida voluntad humana me dio casi al nacer la Creación, significa un intercambio continuo de voluntad humana y Divina, y el alma, temiendo de la suya, vive de la Mía, y la mía va llenando el alma de alegría, de amor y de bienes infinitos. Oh, qué felíz me siento al poder dar lo que quiero a esta alma, porque mi Voluntad contiene espacio para poder recibir todo. De manera que entre ella y Yo ya no hay más divisiones, sino estable unión en el obrar, en el pensar, en el amar, porque mi Voluntad la suple en todo. Así que estamos en perfecto acuerdo y en comunión de nuestros bienes.


    Esa era la finalidad de la creación del hombre, hacer que viviera como hijo nuestro, poniendo en común con él nuestros bienes, para que fuera felíz en todo y Nosotros nos divirtieramos con su felicidad. Pues bien, vivir en mi Querer es precisamente eso: hacernos devolver la finalidad, las alegrías, las fiestas de la Creación; ¿y dices tú que debía tenerlo escondido en mi Iglesia, sin hacer que saliera afuera? Habría revolucionado Cielo y terra, habría arrollado los ánimos con una fuerza irresistible, para hacer conocer lo que será el cumplimiento de la Creación. ¿Ves cuánto me interesa este vivir en mi Querer, que sella todas mis obras, para que todas estén completadas? A tí tal vez te parezca nada, o bien que haya cosas semejantes en mi Iglesia. No, no, al contrario, para Mí es el todo de mis obras y como tal debes apreciarlo y estar más atenta a cumplir la misión que quiero de tí”.
    (20.02.1924).

  26. * * *

  27. "Hija mía, ciertas misiones y oficios llevan consigo tales dones, gracias, riquezas y prerrogativas que, si no fuera por la misión o por el oficio que desempeñan, no sería necesario tener todo eso que se posee y que ha sido dado por la necesidad de desempeñar el oficio.

    Mi Humanidad tuvo la misión, que le dio mi Divinidad, de la salvación de las almas y el oficio de Redentor, de redimirlas. Para este oficio me fueron encomendadas sus almas, sus penas, satisfacer por ellas, de modo que Yo encerré todo, y si mi Humanidad no hubiese encerrado un alma, una pena, una satisfacción, el oficio de Redentor no habría sido completo, por tanto no habría encerrado en Mí todas las gracias, los bienes, la luz que era necesario dar a cada alma. Y si no se salvan todas las almas, eso no quiere decir nada. Yo debía encerrar los bienes de todos para hacer que de parte mía hubiera gracias necesarias y sobreabundantes, para poder salvar a todos. Era conveniente por decoro y justo honor de mi oficio de Redentor.

    Ves, eso tiene el sol que está sobre vuestro horizonte, que tiene tanta luz que puede dar luz a todos, y aunque no todos quisieran gozar de su luz, el sol, por el oficio único que tiene posee esa misma luz que las criaturas podrían rehusar. Eso convenía al sol, porque Dio lo creó como astro único que debía calentar la tierra y abrazarla con su luz. Cuando una cosa o un oficio es único, para que uno pueda desempeñarlo es necesario que tenga tanto de ese bien que pueda darlo a todos, sin que pierda ni un átomo con darlo a los demás. Por tanto, mucho más me convenía a Mí, que debía ser el nuevo Sol de las almas, que con mi luz debía dar luz a todos y abrazar todo, para poderlos llevar a la Majestad Suprema, ofreciendole un acto que contuviera todos los actos y haciendo descender sobre todos la luz sobreabundante para ponerlos a salvo.

    Además de Mí está mi Madre Celestial, que tuvo la misión única de ser Madre de un Hijo Dios y el oficio de Corredentora del género humano. Para la misión de su Maternidad Divina fue enriquecida de tanta Gracia que, reunido todo junto el todo de las demás criaturas celestes y terrestres, nunca podrán igualarla. Pero eso no bastó: para atraer al Verbo a su seno materno abrazó todas las criaturas, amó, reparó, adoró la Majestad Suprema por todos, de modo que ella sola pudo hacer todo lo que las generaciones humanas debían a Dios. Así que en su Corazón virginal tenía un manantial inagotable hacia Dios y hacia todas las criaturas. Cuando la Divinidad encontró en esta Virgen la compensación del amor de todos, se sintió raptar e hizo en ella la concepción del Verbo, es decir la Encarnación. Y al concebirme, tomó el oficio de Corredentora y tomó parte y abrazó conmigo todas las penas, las satisfacciones, las reparaciones, el amor materno hacia todos. Así que en el Corazón de mi Madre había una fibra de amor materno a cada criatura. Por eso, en verdad y con justicia la declaré, cuando Yo estaba en la Cruz, Madre de todos. Ella corría junto conmigo en el amor, en las penas, en todo; nunca me dejaba solo. Si el Eterno no le hubiera dado tanta Gracia para poder recibir de Ella sola el amor de todos, jamás se habría movido del Cielo para venir a la tierra a redimir al género humano. Esa es la necesidad, la conveniencia de que, por la misión de Madre del Verbo, tuviera que abrazar y superar todo.

    Cuando un oficio es único, resulta por consiguiente que
    a quien tiene esa misión nada se le ha de escapar, debe controlar todo, para poder ofrecer ese bien que posee, tiene que ser como un verdadero sol, que puede dar luz a todos. Así fue de Mí y de mi Madre Celestial.

    Ahora, tu misión de dar a conocer la Eterna Voluntad se entrelaza con la mía y con la de mi Madre querida, y debiendo servir al bien de todos, era necesario centrar en una criatura este Sol eterno de mi Querer, y así, como misión unica, de una este Sol pudiera resplandecer con sus rayos, para que todos pudieran recibir el bien de su luz. Así que por decoro y honor de mi Voluntad debía derramar en tí tantas gracias, luz, amor y conocimiento de Ella, como precursores y preparativos convenientes para que habitase el Sol de mi Querer.


    Es más, has de saber que, como mi Humanidad concibió por oficio de Redentor a todas las almas, así tú, por el oficio de hacer conocer y reinar mi Voluntad, al ir haciendo tus actos por todos en la Mía, todas las criaturas quedan concebidas en tu voluntad, y al ir repitiendo tus actos en la Mía, así formas otros tantos sorbos de vida de Voluntad Divina para poder alimentar a todas las criaturas, que en virtud de mi Voluntad quedan como concebidas en la tuya. ¿No sientes como abrazas en mi Voluntad a todos, desde la primera hasta la última criatura que ha de existir en la tierra? Y por todos quisieras satisfacer, amar, complacer a esta Suprema Voluntad, entregarla a todos, quitar todos los obstáculos que impiden su dominio en las criaturas, hacer que todos la conozcan, y te ofreces tú a satisfacer por todos, incluso con penas, a esta Voluntad Suprema, que tanto quiere hacerse conocer y reinar en medio de las criaturas.


    A tí te es dado, hija mía, hacer conocer las cualidades, el valor, el bien que contiene, y su eterno dolor de vivir desconocida, oculta en medio de las generaciones humanas
    ; no sólo, sino despreciada y ofendida por los malos y considerada por los buenos a la par de las demás virtudes, como si fuera una pequeña lámpara, como son las virtudes, y no un sol, como es mi Voluntad. La misión de mi Voluntad es la más grande que puede existir; no hay bien que de Ella no descienda, ni gloria que de Ella no me venga. Cielo y tierra, todo encierra. Por eso sé atenta, no quieras perder el tiempo. Todo lo que te he dicho de esta misión de mi Voluntad era necesario, no para tí, sino para el honor, la gloria y la santidad de mi Voluntad. Y como es uno mi Querer, aquella a quien tenía que confiarlo debía ser una, por medio de la cual había de hacer resplandecer sus rayos para el bien de todos”. (01.05.1925).

[1] – Estas palabras, si fueran de Luisa, no sólo serían súmamente temerarias e imprudentes, sino que sería “el alma más soberbia del mundo”, como dice ella misma; de lo contrario… sólo Jesús puede hablar así. Sería, ouna gran locura (pero contradiría la perfecta coherencia de pensamiento y de vida deLuisa), o por el contrario, son verdad indiscutible. La provocación es para nosotros.

[2]“Viador” es la persona que va por la vía, quien está de camino todavía en esta vida.

[3]“Veo un candelabro todo de oro… Dos olivos estan a su lado, uno a la derecha y el otro a la izquierda. (…) «¿Qué significan esos dos olivos a derecha e izquierda del candelabro? Y esas dos ramitas de olivo que gotean oro dentro de dos canales de oro?» Me rispondió el ángel: «¿No comprendes lo que significan estas cosas?» Y yo: «No, señor mío». «Estos –dijo– son los dos consagrados que asisten al Dueño de toda la tierra».” (Zacarías, 4) (Cfr. Vol. 13°, 19.11.1921).