La última prueba de Luisa

Muerto el santo Padre Di Francia (el 1° de junio de 1927) sin haber podido realizar su máximo deseo, imprimir y publicar los Escritos de Luisa, el Confesor Don Benedetto Calvi hizo suyo este deseo y continuó la obra comenzada, si bien con un criterio personal bastante diferente. Y Luisa escribe:

“…Estaba yo pensando al gran problema de los escritos sobre la Divina Voluntad que se hallan en Messina, llevados por la bendita memoria del venerable Padre Di Francia; a cómo yo y otros Superiores míos absolutamente queremos que esten aquí, pero los Superiores de Messina, advertidos rigurosamente por el venerable Padre antes de morir, quieren tenerlos consigo para publicarlos cuando Dios quiera, por lo cual no hacemos más que enviarnos unos a otros cartas de fuego, ellos para retenerlos y nosotros para recuperarlos, y yo estaba muy preocupada, aburrida y cansada, y decía entre mí: “¿Cómo ha podido permitir todo eso el buen Jesús? ¡Quién sabe si El no esté también disgustado!”

Y El, moviendose en mi interior, me ha dicho: “Hija mía, tú estás preocupada, pero Yo de nada estoy disgustado, sino que gozo viendo el interés que los Sacerdotes tienen por estos escritos que formarán el reino de mi Voluntad. Eso significa que aprecian el grande bien de los mismos y cada uno quisiera tener ese gran tesoro para ser el primero en comunicarlo a los demás, y mientras dura la cuestión de quien ha de vencer, uno se acerca al otro para aconsejarse sobre cómo actuar y Yo gozo de que otros ministros míos sepan de este tesoro tan grande, de hacer conocer el reino de mi Querer Divino, y me sirvo de ésto para formar a los primeros Sacerdotes de mi futuro reino de mi «Fiat»… Por tanto déjame obrar y no te preocupes.”(18.01.1928).

Después de la muerte del Padre Aníbal, los suyos, que tenían los Escritos, no se interesaron suficientemente en publicarlos y al final se los devolvieron a Luisa.
Su Confesor publicó en 1930 los cuatro primeros volúmenes, resumidos más o menos y bastante retocados, titulados “En el Reino de la Divina Voluntad (parte primera, historia de un alma) Alba que surge”, con Imprimatur de Mons. Giuseppe María Leo, Arzobispo de Trani. Ya antes el Padre Aníbal había preparado un borrador del primer volumen resumido, para imprimirlo, pero su muerte interrumpió todo.

Don Benedetto hizo luego tres ediciones del libro “La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad” (también con Imprimatur) en 1932, 1933 y 1937. Sin embargo hay que decir que las ediciones de este libro publicadas por Don Benedetto son bastante diversas del manuscrito original de Luisa, fechado el 6 de mayo de 1930. Se trata de 31 meditaciones para el mes de Mayo, sobre otros tantos episodios o misterios de la vida de la Stma. Virgen, en forma de lecciones escritas “para la Casa de la Divina Voluntad”. La 3ª edición tiene varios apéndices, y entre ellos una veintena de capítulos hermosísimos, sacados de los últimos volúmenes de Luisa, titulados “Prodigios de amor que la Divina Voluntad hizo en la Reina del Cielo”. Este apéndice se publicó también por separado.

Por último hizo la 5ª edición de “El Reloj de la Pasión” y preparó la 6ª (1934), libro traducido y publicado en alemán por el P. Ludwig Beda, O.S.B., en dos grandes ediciones con Imprimatur, que suscitaron grande fervor y entusiasmo. Notemos que este libro se difundió durante más de 23 años, en cinco ediciones, todas con aprobación eclesiástica, y nadie nunca encontró nada que criticar, al contrario…

Pero es inevitable que quien es de Cristo provoque como El “la ruina y la resurrección de muchos”; muy a pesar suyo se convierte en “signo de contradicción” (Lc. 2,34) y piedra de escándalo. No son iguales todos los sacerdotes; no todos fueron (y son) como San Aníbal, como los Confesores de Luisa, como tantos que la trataron con veneración y sagrado afecto. Hemos visto que, desde el principio, algunos la juzgaron y condenaron con sólo oir hablar de ella. Y en los años treinta se creó una oposición, cada vez más agria y abierta, contra Luisa, por parte de algunos sacerdotes y religiosos. Uno de ellos, que ni siquiera la conocía personalmente, llegó a tal exceso que provocó indignación y escándalo en el pueblo coratino, además del profundo disgusto del Confesor de Luisa (lo dice él) y de sus Superiores.

En el capítulo del 8 de febrero de 1931, Luisa escribe:
“Hace algún tiempo que no escribo, porque estando lleno mi pobre corazón de amarguras intensas, que me sumergen por completo en las olas altísimas y borrascosas del dolor y de las humillaciones profundas, no tenía fuerza para poner por escrito una página, la más dolorosa, de mi existencia acá abajo. En el colmo de mi dolor he repetido tantas veces lo que dice Ntro. Señor: “He buscado un consolador en tantas penas y no lo he encontrado, un amigo que dijera una palabra en mi defensa y no lo había, y quien debía sostenerme y darme un aliento había cambiado, como si fuera mi más cruel enemigo”.

(…) Y luego, lo que más me atormenta son las mismas luchas que he de sostener con mi dulce Jesús. Por motivo de la publicación de la Divina Voluntad me acusan al Santo Oficio de cosas que yo ni conozco, ni dónde viven, ni dónde estan, y que tan lejos estan de mí como el Cielo de la tierra. Llevo ya cuarenta y seis años en cama, se puede decir que soy una pobre sepultada viva, la tierra no la conozco, ni recuerdo haber sentido nunca interés alguno. Mi dulce Jesús siempre ha vigilado mi corazón y me lo ha tenido desapegado de todo; siempre sean dadas gracias al Señor. Han llegado a pensar mal de mí en el Santo Oficio porque viene el sacerdote a llamarme a la obediencia en mi estado de sufrimiento, por consiguiente imposiciones y prohibiciones…”

Estos hechos coincidieron con un periodo en que la S. Congregación del Santo Oficio (hoy día “para la Doctrina de la Fe”) hubo de intervenir en numerosos casos de dudoso origen sobrenatural. A veces, sin embargo, esa prevención general ante posibles o presuntas manifestaciones sobrenaturales pudo provocar casos de verdadera represión. No nos toca a nosotros y no es posible saber en qué casos la intervención eclesiástica fue justa y legítima, y en qué casos tal vez injusta o con abuso de autoridad; nada quita que, investigando con documentos y testimonios, se pueda llegar a ciertas conclusiones. El hecho es que la Autoridad de la Iglesia puede corregir determinadas sentencias precedentes.

Algún ejemplo entre tantos: basta pensar a la “Notificación” con que la Iglesia anul­ó las prohibiciones acerca de la devoción a la Divina Misericor­dia en el modo propuesto por Sor Faustina Kowalska, de Cracovia (Polonia), posteriormente canonizada, o a la rehabilitación del Beato Antonio Rosmini.

 

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Estando así las cosas, un día, el 31 de mayo de 1938, llegó a Corato un sacerdote como mandatario del Santo Oficio y, sin explicaciones, secuestró y se llevó los cuadernos de Luisa (menos los dos últimos volúmenes, uno de los cuales había empezado a escribirlo poco antes), sin dejar siquiera un recibo, a pesar de no haber sido publicados, sino ser escritos privados…

Tres meses más tarde, el 31 de agosto de 1938, fue publicado un Decreto (prácticamente, una medida de disciplina), que condenaba los tres libros de Luisa impresos y editados (sólamente esos y no otros) y los ponía en el Indice de libros prohibidos. El Decreto, traducido del latin, decía así:

«Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio
Decreto.
Prohibición de libros.

Miércoles, día 13 de julio de 1938.
Con general acuerdo de la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio, los Eminentísimos y Reverendísimos Señores Cardenales encargados de tutelar las cosas de fe y costumbres, habiendo recibido el consentimiento de los Reverendos Señores Consultores, han condanado y obligado a incluir en el Indice de los libros prohibidos los libros que aquí enumeramos, escritos por Luisa Piccarreta y cuidados y publicados por otros varias veces en distintos lugares; son:
1°) El Reloj de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, con un Tratado sobre la Divina Voluntad.
2°) En el Reino de la Divina Voluntad.
3°) La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad.
Y al día seguiente, jueves 14 del mismo mes y año, el Stmo. Señor Nuestro Pío, por Divina Providencia Papa XI, en la habitual audiencia concedida al Rev.mo Señor Asesor del Santo Oficio, aprovó la decisión de los Eminentísimos Padres presentada a él, la confirmó y ordenó publicarla.
Dado en Roma, en los Palacios del Santo Oficio, el 31 de agosto de 1938.
Rémolo Pantanetti,
Notario de la Supr. S. Congregación»

Pocos días después, el 11 de septiembre, “L’Osservatore Romano” publicó un artículo sin firma, en que se comentaba oficiosamente la condena. Era éste:

«Falsa Literatura Espiritual. [1]
Los tres libros reprobados por el decreto del Santo Oficio, publicado en la primera página del periódico, no merecerían particular consideración por su pequeña mole y el escaso valor de su contenido, pero se les condena como exponentes de un misticismo falso y peligroso, frecuente en nuestros días. Hoy día hay de hecho no pocas persone, especialmente mujeres, que creyendose, aunque sea de buena fe, favorecidas por extraordinarios carismas espirituales, sienten no sólo la necesidad, sino –dicen ellas–, el deber de comunicar a toda la familia cristiana sus presuntas visiones y revelaciones sobre­naturales, que más bien son fruto de su fantasía exaltada y enferma.

Es éste el caso de una cierta Luisa Piccarreta, autora de los escritos que otros han recogido y publicado en los tres pequeños volúmenes mencionados, la cual afirma que debe escribir por motivo de numerosas revelaciones hechas a ella por Jesucristo y por la Bienaventurada Virgen.

Tema principal de sus escritos es la Divina Voluntad, concebida de modo exagerado y erróneo, y expuesta con un lenguaje y terminología redundante a menudo de cosas inexactas y extravagantes.

Se podría creer que semejantes publicaciones no deberían tener gran éxito. Por el contrario, su difusión es grandísima, favorecida también por irresponsables reseñas de la prensa, ya que muchos comentan los libros sin antes haberlos leído con la debida atención y competencia.

Los libritos en cuestión ya han tenido muchas ediciones y han sido traducidos a otras lenguas. Se dice que en la versión alemana del “Tratado de la Divina Voluntad” (“Das Reich des Gottlichen Willens”), hecha por el P. Ludwig Beda, O.S.B., hayan sido hechos 30.000 ejemplares.
Era por tanto oportuno poner en guardia a los fieles.»

 

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El mejor comentario a este comentario lo hacen los hechos. Cinco días más tarde, el 16 de septiembre, apenas supo la noticia, Luisa envió a su Arzobispo, Mons. Giuseppe Maria Leo, el siguiente acto de sumisión y, por medio suyo, al Santo Oficio:

“Fiat! In Voluntate Dei!

Yo, la aquí firmante, habiendo sabido del decreto con el que el 13 de julio de 1938 la Suprema Congregación del S. Oficio ha condenado al Indice de los libros prohibidos los libros escritos por mí y publicados: 1 °, El Reloj de la Pasión de Ntro. Sr. Jesucristo. con un Tratado de la Divina Voluntad; 2°, En el Reino de la Divina Voluntad; 3°, La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad, espontánea e inmediatamente cumplo el deber de alma cristiana de humillar mi incondicional, inmediata, plena y absoluta sumisión al juício de la S. Romana Iglesia, por lo cual, sin restricción alguna, repruebo y condeno todo lo que la Suprema Congregación del S. Oficio reprueba y condena en los ya citados escritos míos publicados, en el sentido que la misma Suprema Congregación entiende.

Esta declaración mía humildemente la presento también a mi amadísimo Arzobispo Mons. D. Giuseppe M. Leo, implorandole la caridad paterna de hacerla llegar, por medio suyo, al S. Oficio.

Firmado,
Luisa Piccarreta, de Corato (Bari)”

De forma análoga se expresa su Confesor D. Benedetto Calvi en varias cartas, alcanzado también él por la severidad (así como otros sacerdotes, religiosos y religiosas), por el mismo motivo durante un cierto periodo. De hecho se le prohibió visitar a Luisa y celebrar la S. Misa en casa de ella durante unos meses. En aquel periodo otros sacerdotes le llevaban la Comunión y la hacían volver en sí.

La tempestad contra Luisa por parte de ciertos sacerdotes y religiosos había de continuar violenta hasta su muerte y más allá. Muchos sin embargo sufrieron con ella, no se alegraron del mal y de las injusticias, ni tanto menos se ensañaron contra ella; pero otros la renegaron, la abandonaron, lamentando (dice ella) haberla conocido…

Vale la pena notar que el 31 de agosto de 1939, exactamente un año después de la supuesta condena, Hitler firmó la orden de atacar Polonia, con lo cual empezó la Segunda Guerra Mundial. Así mismo es significativa la coincidencia de otras fechas de la historia futura con estos hechos.

Apenas un mes después de la puesta en el Indice, “por disposición de los Superiores” (dice su Confesor), “por motivos de salud” (dice Luisa), tuvo que dejar el Orfanato de San Antonio el 7 de octubre de 1938, exacta­mente diez años después de su ingreso. Tuvo que dejar aquellas buenas religiosas, las Hijas del Divino Celo, pero non perdió el afecto y la profunda estima de muchísimas de ellas, como demuestran tantas cartas de Luisa. Don Benedetto encontró para ella una casa en que vivir, en Via Maddalena, 20 (Era su nombre como terciaria dominica). Allí pasó los últimos ocho años de su vida. Estando en esa tormenta, Luisa escribió (como algunos testigos cuentan) a San Pío de Pietrelcina (la única vez en su vida), el cual le respondió sólo ésto: “Los Santos se hacen, pero ¡ay de quienes hacen a los Santos!”

 

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Pocos años antes, a propósito de uno de los libros condenados, el Dr. Padre Doménico Franzè, O.F.M. escribió la siguiente carta al P. Pantaleone Palma, Superior General de los Rogacionistas y sucesor de San Aníbal:

“¡Paz y bien!
Reverendo Padre Palma,
hace un año casi, y precisamente el pasado Septiembre, Vuestra Reverencia me entregaba, también de parte de un prestigioso Personaje, dos ejemplares del libro titulado “En el Reino de la Divina Voluntad (Historia de un alma, Primera parte) Alba que surge” etc., con el fin de que diera un juício sobre dicha Obra, cuyo Autor se había atrincherado tras el más estrecho anonimato.

Pues bien, Rev.do Padre, como sabe, yo no me he contentado con leer el libro en cuestión, sino que además he pretendido, para mejor dar mi juício, conocer a la persona que lo ha escrito.

Después de haberlo leido y haber hablado con quien lo ha escrito, no me he detenido en mi sola convicción, sino que he buscado también el parecer de algunos de mis competentes hermanos religiosos, de uno de los cuales le incluyo una breve relación, es decir, del P. Consalvo Valls, Profesor de Teología en este nuestro Colegio Internacional de S. Antonio y Examinador Delegado para la revisión de nuestros libros.

En verdad, a quien no tuviera tiempo ni ganas de recorrer el volumen, bastaría dar una ojeada al índice del mismo para ver cómo un alma llamada por Dios a la perfección se eleva con paso y ascensión gradual, por los caminos de la negación de sí y del desprendimiento, de las tentaciones y de las pruebas, entre ellas una, durísima, que ya dura más de cuarenta y seis años.

A mí, que soy un médico, sencillamente me asombra el hecho de no haber encontrado en la paciente ninguna llaga de decúbito o alguna otra erosión de la piel, en una persona obligada a estar inmóvil en cama por tantos años.

A mí, que soy Religioso Regulador, da tanto consuelo que se me haya asegurado de que, durante tantos años, los médicos, los Confesores, los Arzobispos Ordinarios, nunca hayan descubierto fraude alguno después de pruebas exhaustivas.

Enfín, a mí, que soy Sacerdote, me llena de gozo el alma haber encontrado en la paciente, no sólo toda la delicada integridad de las virtudes cristianas, sino además un alma que tiende a la perfección, iluminada por una gracia especial.

A parte cuanto Nuestro Señor parece dignarse obrar en esta alma para purificarla y hacerla digno instrumento de misericordia para sus semejantes, yo noto en estos escritos una idea dominante, que podría llamar la idea madre de la existencia de esta criatura, la Divina Voluntad.

La pobre paciente llama a todas las almas a que penetren en el mal de cada voluntad personal, y quiere hacer constatar que, así como uno solo es el mal común de todas las voluntades humanas, es decir, el pecado, así una sola es la medicina universal para todos los hombres pecadores, es decir, que la Santísima Voluntad de Dios sea la vida de la voluntad humana.

Si la Obra de que hablamos no hiciera más que inculcar en el lector los derechos de Dios y de su Divino Querer, afirmar Su supremo poder sobre todas las voluntades humanas y sobre todos los poderes y reinos de nuestra minúscula tierra, yo diría que eso ya sería mucho para el bien de las almas.

Reverendo Padre, con juício de Médico y de Sacerdote, le digo que solamente un espíritu tan mortificado y perennemente mortificado, solamente una voluntad humana fundida con la Voluntad Divina, puede llegar a conceptos tan basilares y fundamentales, como los que manifiesta esta alma; la cual, sin estudios profundos y sin escuela, ella sola en el lecho de su dolor y de su espasmo, con una cultura literaria, teológica y ascética limitadísima, habla con verdadera competencia de las más abstrusas cuestiones, resuelve los más difíciles problemas, conduce el alma que lee sus escritos a los campos más perfumados de las virtudes.

No es aquí el caso, sin duda, que refiera las pruebas físicas, psicofísicas y morales experimentadas por mí sobre la paciente: yo tengo la certeza moral, también porque quien escribe tiene sesenta y cinco años bien sonados y es ajeno a todo lo que sabe de mundo y a todo lo que es falta de moderación, digo, tengo la certeza moral, por lo que es concedido al hombre, de que el libro que Vuestra Reverencia me ha presentado podrá hacer un gran bien, sobre todo porque está dictado por un espíritu recto y sin ficción.

Le agradezco por la bella oportunidad que me ha ofrecido y me encomiendo a Sus dignas oraciones, mientras repito ser de Vuestra Reverencia afectuosísimo en Jesucristo,

(Firm.)Fray Doménico Franzè, Médico Cirujano; Prof. de Fisiología y Medicina Misionera en el Colegio Internacional de S. Antonio; Socio de mérito de la Pontificia Academia Romana de Misiones.
Roma, Colegio de San Antonio, 20 de julio de 1931”.

La relación que el P. Doménico Franzè incluye en su carta es ésta, dirigida a él por el P. Consalvo Valls, O.F.M., Profesor de Teología Dogmática, Mística, etc. en el mismo Colegio, el 18 de julio de 1931., carta de la cual, debido a su tamaño, transcribimos solamente las principales afirmaciones:

“Reverendo Padre,
he leído y estudiado el libro titulado “En el Reino de la Divina Voluntad, etc.” y después de haberlo meditado en algunos de sus puntos, puedo declarar lo siguiente:

I – Bajo el aspecto dogmático: lo he hallado conforme en todo con las enseñanzas recibidas por la Santa Iglesia y manifestadas en las fuentes de la Revelación, incluso cuando habla sólo de paso de cuestiones dogmáticas, como…
(Sigue una serie de puntos examinados; sus comentarios son: “Exactitud teológica sublime y maravillosa…”, “Exactísimo también el concepto… sin estridencias y con maravillosa armonía”, “Jamás se repite, siempre encuentra nuevos y bellísimos aspectos y ni siquiera por un momento se separa del recto concepto de estas verdades de Fe”, etc.).
Es verdad que acá y allá se ven incertidumbres y a veces cosas extrañas que necesitarían de alguna explicación; pero es también verdad que, cuanto más se reflexiona sobre ellas, más desaparece la disonancia aparente de las primeras impresiones. Por lo demás el mismo Jesús se lo dice al alma, cuando la tranquiliza de los temores que ella siente de escribir errores…

II – Bajo el aspecto ascético. Es justísimo en todas sus apreciaciones, tanto al presentar los medios activos de santificación: oración, trabajo, cumplimiento del propio deber, sacramentos, oración, lecturas, sufrimiento, etc., como sobre todo en las amplias enseñanzas que da de las virtudes… Nota bene: para justificar todos estos puntos (que el Autor indica) haría falta citar todo el libro…

III- En cuanto a los fenómenos místicos: el libro parece realmente inspirado.
(De los numerosos puntos que enumera, citamos, por ejemplo, éste: “Dife­rencia entre el conocimiento abstractivo e intuitivo de Dios y de la misma alma. La descripción que hace del intuitivo es una demostración psicológica y experimental de la Doctrina Teológica sobre el modo divino de obrar de los dones del Espíritu Santo y de los sentidos espirituales, en contraposición al modo de obrar humano de las virtudes”, etc.)

IV – Por lo que se refiere al autorretrato de esta alma, se ve que vive intensamente la vida de la Gracia, de la cual hace descripciones tan bellas y exactas, que únicamente los dones del Espíritu Santo pueden darle el conocimiento y también la ciencia de poder expresarlas.
De estos dones en plena actividad procede esa contemplación de Dios en sus atributos y en su Vida Trinitaria, esa contemplación de Cristo y de la Stma. Virgen en sus misterios, esa visión tan consoladora y maravillosa de la Divina Voluntad que gobierna el mundo… No de otra fuente más que de la Gracia Divina, que absorbe todo el ser de esta alma, puede proceder esa resolución y generosidad con que se entrega a los más grandes sacrificios íntimos, que le pide su Amado; esa delicadeza y vivacidad de sentimientos…; también la inmensa caridad hacia el prójimo, que brota y se funda en el amor a Jesús… Y sobre todo sólo de la Gracia puede venir esa sustitución de la propia voluntad con la del Señor, que le hace permanecer en paz, segura y contenta en medio de las más grandes tribulaciones, sufrimientos, sequedad, y que constituye la misión particular de esta alma…
Por todas estas observaciones, hechas al vuelo (acá y allá) y comparaciones, yo nutro la íntima persuasión de que la persona en cuestión es un alma de Dios y que es divina la obra que en ella se cumple. No conozco la vida ni la historia de esta alma, pero me basta, para justificar este concepto mío, el exámen de este libro y el efecto que yo mismo he sentido con su lectura, que infundía en mi espíritu nuevas ansias de mejoría espiritual. Sólo Dios posee las llaves del corazón y las hace vibrar hacia la Santidad…” (etc.)
De Vuestra Reverencia, aff.mo Hermano,
Fray Consalvo Valls, O.F.M.

Después de la puesta en el Indice, la condena inesperada y desde el punto de vista religioso inexplicable e inexplicada, no faltaron intentos de obtener alguna aclaración, para saber si había faltas o errores concretos, cuáles o dónde, pero fueron infructuosos; como también las tentativas para que Luisa fuera rehabilitada… Y sin embargo, en una carta, Luisa escribe:

“… Hija mía, siento lo del P. Beda; ¿por qué los manuscritos (que este Padre envió al Santo Oficio) no llegaron a Roma? ¿Quién lo impidió? Mientras yo sé de fuente segura que al S. Oficio habían llegado peticiones de todas partes, que querían que los escritos salieran a la luz. Por lo demás, se ve que el Señor lo quiere hacer todo, si no hoy, mañana…”

A menos de dos años de su muerte fue publicado un recordatorio de Luisa en italiano y en inglés, con autorización eclesiástica del Mons. Fray Reginaldo Addazi, O.P., Arzobispo de Trani. Contenía una nota sintética sobre la vida y la muerte de Luisa “en fama de santidad” y algunas oraciones “para pedir la Beatificación de la Sierva de Dios”. Por primera vez se le daba ese título, aun no habiendo sido abierta todavía su Causa.

Con todo, hace falta meditar bien lo que Luisa ha escrito:
“Habiendo venido M. (Monseñor), me ha dicho que en estas venidas de Nuestro Señor yo no merezco nada, que sólo merezco cuando practico las virtudes; y que pidiera por ciertas intenciones suyas. Así que durante el día no se me iba de la cabeza lo que había oído y, para quitarmelo, decía entre mí: “Adorable Bien mío, Tú sabes que nunca he pensado a méritos, sino sólo a amarte. Me parece que en tu casa quieren hacerme sierva, si pensara en ganar algo. No, no quiero ser sierva, sino hija; más aún, Tú mi amado y yo tu amada”. (23.01.1908).

Pocos años más tarde (11 de mayo de 1963), el Arzobispo Mons. Addazi obtuvo del Santo Oficio el permiso para trasladar los restos mortales de Luisa del cementerio a su iglesia, Santa María Greca, de Corato, donde fueron colocados en una tumba el 3 de julio de 1963. Fue el primer paso oficial hacia su rehabilitación. Y cuarenta años después de su muerte, el Arzobispo de Trani, S.E. Mons. Giuseppe Carata, el 4 de marzo de 1987 erigió canónicamente la Pía Asociación “Luisa Piccarreta – Pequeños hijos de la Divina Voluntad”, con sede en Corato, Vía N. Sauro (actualmente Vía Luisa Piccarreta), 25, en la casa en que ella vivió muchos años. Finalidad de la Asociación es conocer y hacer conocer la vida de Luisa y la espiritualidad de la Divina Voluntad, y promover todo lo necesario para una plena rehabilitación de Luisa, en primer lugar, y que sucesivamente sea glorificada. La Pía Asociación se ha constituido “actora” en la Causa de Beatificación de Luisa, abierta en la solemnidad de Cristo Rey, el 20 de noviembre de 1994.

La conclusión no puede pertenecer más que a Nuestro Señor. Un día lejano (01.07.1907) El le dijo: “Hija mía, la Verdad, por más que sea perseguida, no se puede no conocer que es la Verdad, y llega el tiempo en que esa misma Verdad perseguida llega a ser reconocida y amada”.

[1] – Lo subrayado es nuestro: dos son los motivos de la condena (el origen y el contenido). Viene espontáneamente pensar: si una imputación no fuera bastante eficaz, queda la otra. Como las que le hicieron a Jesús en la Pasión (…se proclama el rey de los judíos…, se proclama el Hijo de Dios).