El triunfal entierro de Luisa

Su funeral fue el 7 de marzo de 1947. Más de 40 sacerdotes –el Capítulo y Clero local–, innumerables religiosas (las Hijas del Divino Celo, las Hermanas Misioneras del Sagrado Costado, las Monjas “de Ivrea”, etc.), un gentío de miles de personas, subidas hasta en los tejados, después de las Exequias y la S. Misa, celebrada por el Capítulo en la iglesia Madre de Corato, la acompañaron al cementerio… Fue un auténtico plebiscito del pueblo católico, que la lloró y que, 63 años después, la sigue recordando. Fue su primera apoteosis en la tierra…


Si bien durante cuatro días el cuerpo de Luisa no tuvo la rigidez cadavérica, no fue posible extenderla, por lo que le hicieron
una caja especial

El Arcipreste y el Confesor (en el círculo)
con el Rev.mo Capítulo preceden el féretro
durante todo el recorrido

Las monjas Misioneras del Sagrado Costado
(fundadas por el P. Eustachio Montemurro,
de Gravina, “adoptadas” por el P. Di Francia)
se alternan en llevar la caja

Fue un auténtico plebiscito miles de personas que llegaron de todas partes,
la primera apoteosis de Luisa “la Santa”

 

Un testimonio más, de Don Benedetto Calvi:
“¿Cuál fue su vida de 82 años, de los cuales unos 70 crucificada en su camita? Orar + Trabajar + Sufrir + Consolar + Aconsejar + Instruir + Iluminar mentes + Calentar corazones + Transformar almas.
Su camita se transformaba en una maravillosa cátedra desde la cual, con sabiduría y unción divina, hablaba e íntimamente cambiaba las almas: no pocos salían de su cuartito visiblemente cambiados, asombrados, conmovidos y… dispuestos a purificarse con una santa Confesión.
Fue nuestro pararrayos para detener los rayos de la potente Justicia de Dios, disgustado por ser ultrajado por nuestros pecados.”

* * *
¿Qué nos ha dejado Luisa? ¿Sólo un afectuoso recuerdo? Su Confesor, Don Benedetto Calvi, recogió de labios de Luisa, una hora antes de su muerte, sus últimas palabras, que él llama “el testamento espiritual de Luisa y su grande y consoladora promesa”:

“Ahora muero más contenta, porque el Divino Querer me ha consolado más que de costumbre
con vuestra presencia en estos últimos instantes de mi vida.

Veo ahora un largo, bello y espacioso Camino,
iluminado por infinitos y resplandecientes Soles…
¡Oh, sí, los conozco! Son los Soles de mis actos hechos en la Divina Voluntad.
Es la vía que ahora debo recorrer; es la vía preparada para mí
por el Divino Querer, es la vía de mi triunfo, es la vía de mi gloria,
para unirme a la inmensa felicidad de la Divina Voluntad.
Es mi vía, es la via que haré reservar para Usted, querido Padre;
es la vía que haré reservar para todas las almas que quieran vivir en la Divina Voluntad”.