Del destierro a la Patria

“Luisa en su lecho de muerte, velada por las monjas Hijas del Divino Celo,
por su hermana Angelina y por su fiel discípula y testigo Rosaria Bucci”

Después de vivir en el destierro de esta vida 81 años, 10 meses y 9 días, Luisa murió el martes 4 de marzo de 1947, hacia las 6 de la mañana, después de 15 días de enfermedad, la única comprobada en su vida: una fuerte pulmonía, con fiebre alta. Murió al terminar la noche, a la misma hora en que todos los días el sacerdote la llamaba de su estado de “muerte” mediante la obediencia.
Escribe su Confesor:

“Fenómenos extraordinarios en su muerte. Como se ve en la foto, el cadaver de Luisa está con el cuerpo sentado en su camita, como cuando vivía, y no fue posible extenderlo con la fuerza de varias personas. Se quedó en esa postura, por lo que hubo que hacerle un ataúd especial.

Atención, extraordinario… Todo su cuerpo no sufrió la rigidez cadavérica que entodos los cuerpos humanos sigue apenasmuertos. Se podía ver durante todos los días que estuvo expuesta,a la vista de todo el pueblo de Corato y de muchísimos forasteros, que llegaron aposta a Corato para ver y tocar con sus manos el caso único y maravilloso: poder, sin esfuerzo alguno, moverle la cabeza en todo sentido, levantarle los brazos y doblarselos, doblarle las manos y todos los dedos.Se le podían levantar también los párpados y observar sus ojos lúcidos y no velados. Luisa parecía viva y que dormía, mientras un consejo de médicos, convocados para este caso, declaró, tras atento exámen del cadaver, que Luisa realmente había muerto y que por tanto se debía considerar muerte verdadera y no aparente, como todos imaginaban. Fue necesario, con permiso de la Autoridad Civil y del Médico Sanitario, hacerla estar durante 4, digo cuatro días, en su lecho de muerte, sin dar señal alguna de corrupción, para satisfacer la muchedumbre que se aglomeraba, sobre todo forasteros, y que afluía a la casa hasta con violencia”.

Luisa dice que había nacido “al revés” y que por eso era justo que su vida fuera “al revés” de la vida de las demás criaturas; también su muerte fue “al revés”… Se quedó sentada, como había vivido siempre, y sentada hubo que llevarla al cementerio, en una caja especial, de cristal, como una reina en su trono, vestida de blanco “como una Esposa para su Esposo”, con el “Fiat” sobre el pecho…

 

“La pequeña hija del Rey es toda espléndida; perlas y tejido de oro son
sus vestiduras; en preciosos bordados
es presentada al Rey; con ella, las vírgenes sus compañeras son llevadas a Tí; entran juntas en el Palacio Real…”
(Salmo 44)