“Una vida más celestial que terrena”

San Anibal María Di Francia ha dejado sobre Luisa este hermoso testimonio, que transcribimos en parte:

“…Ella quiere vivir solitaria, escondida y en incógnito. Por ninguna razón del mundo habría puesto por escrito sus íntimas y prolongadas comunicaciones con Jesús adorable, desde su más tierna edad hasta hoy, y que siguen aún, quien sabe hasta cuándo, si Nuestro Señor mismo no la hubiera insistentemente obligado, tanto personalmente como por medio de la santa obediencia a sus Directores, a la cual se rinde siempre con inmensa violencia suya y a la vez con gran fortaleza y generosidad, porque el concepto que ella tiene de la santa obediencia le haría rehusar también la entrada en el Paraíso, como efectivamente ha sucedido…

El hecho es que esta alma está en una lucha tremenda entre un prepotente amor a esconderse y el inexorable imperio de la Obediencia, a la que debe ceder absolutamente. Y la obediencia la vence siempre, lo cual constituye una de las más importantes características de un espíritu verdadero, de una virtud sólida y acrisolada, ya que se trata de unos cuarenta años, en que con la más fuerte violencia contra ella misma se somete a la gran Señora Obediencia que la domina.

Esa alma solitaria es una Virgen purísima, toda de Dios, que apa­rece como objeto de singular predilección del Divino Redentor Jesucristo. Nuestro Señor, que de siglo en siglo aumenta cada vez más las maravillas de su Amor, parece que de esta Virgen, que El llama la más pequeña que ha encontrado en la tierra, desprovista de toda instrucción, haya querido formar un instrumento apto para una misión tan sublime, que ninguna otra se le pueda comparar, es decir, el triunfo de la Divina Voluntad en el mundo, según decimos en el Padrenuestro: “Fiat voluntas tua, sicut in Coelo et in terra”.

Esta Virgen del Señor lleva más de 40 años en cama, desde que era todavía adolescente, como víctima del Divino Amor. Eso es debido a una larga serie de dolores naturales y sobrenaturales y a estados de arrobo por la Caridad eterna del Corazón de Jesús. Origen de sus dolores que superan todo orden natural es casi continuamente una alterna privación de Dios…

A los padecimientos del alma se añaden también los del cuerpo, la mayor parte de los cuales en estado místico. Sin que aparezca ningún signo en las manos, en los pies y en el costado o en la frente, ella recibe de Nuestro Señor mismo una frecuente crucifixión. El Señor la extiende sobre una cruz y le pone los clavos. Entonces ella siente lo que dice Santa Teresa cuando recibía la herida del Serafín, es decir, un sensibilísimo dolor que le hacía desfallecer y al mismo tiempo una embriaguez de amor. Pero si Jesús no lo hiciera, sería para esta alma un padecer espiritual inmensamente más grande, pues, como la Serafina del Carmelo, dice también ella: O sufrir o morir. He aquí otra señal del verdadero espíritu…

Después de cuanto hemos dicho, de su larga permanencia continua durante años y años en una cama, como víctima, con tantos dolores espirituales y físicos, podría parecer que el ver semejante Virgen desconocida tendría que ser una cosa aflictiva, como es ver a una persona que yace con todas las señales de dolores padecidos o de sufrimientos en acto, o cosas parecidas. Y sin embargo, en ésto hay algo admirable. Esta Esposa de Jesús Crucificado, que pasa las noches en éxtasis dolorosos y en padecimientos de todo tipo, al verla luego durante el día medio sentada en su cama, trabajando con agujas y alfileres, nada hace ver, en lo más mínimo, que sea alguien que por la noche haya sufrido tanto; nada, nada que sepa de extraordinario, de sobrenatural. Al contrario, se le ve en todo el aspecto de una persona sana, contenta y jovial. Habla, conversa, si hace falta ríe; recibe sin embargo pocas amigas.

A veces algún corazón atribulado se le confía, le pide que rece por él. Escucha con benevolencia, consuela, pero nunca se pone a hacer la profetisa, jamás dice una palabra que aluda a revelaciones. El gran consuelo que ella presenta es siempre uno, siempre el mismo tema: la Divina Voluntad.

Luisa en diálogo con Jesús

Luisa en diálogo con Jesús

Si bien non posea ninguna cultura humana, está dotada sin embargo abun­dantemente de una Sabiduría toda celestial, de la Ciencia de los Santos. Su hablar ilumina y consuela. Por naturaleza no le falta ingenio. De estudios cuando era pequeña, hizo hasta la primera clase; su escribir está lleno de errores, si bien no le falten términos apropiados conforme a las revelaciones, que parece que se los inspire Nuestro Señor.

Un detalle del gran desapego de esta alma de toda cosa terrena, es el aborrecer y la constancia en no aceptar ningún regalo, o dinero u otra cosa. Más de una vez, personas que han leído “El Reloj de la Pasión” y en ellas se ha despertado un sentimiento de afecto sagrado hacia esta alma solitaria y desconocida, me han escrito que querían mandarle dinero, pero ella se ha opuesto tan rotundamente como si le hubieran hecho una ofensa.

Su vivir es muy modesto. Ella posee poco, vive con una amo­rosa pariente que la asiste. Con lo poco que tienen, no bastan­do para pagar la renta de la casa y para el mantenimento indi­spensable en estos tri­stes tiempos con el coste de la vida, ella trabaja tranquila­mente, como ya hemos dicho, y gana algo con su trabajo, de lo cual debe aprovecharse sobre todo su amorosa pariente, puesto que ella no tiene que hacer gastos en vestir o en calzado; su alimento es de pocos gramos al día, como se lo presenta quien la asiste, porque ella no pide nada, y encima, después de algún tiempo de haber tomado el escaso alimento, lo devuelve. Con todo, su aspecto no es el de una moribunda, aunque tampoco el de una persona perfectamente sana. Y sin embargo no está inerte, sino que consume sus fuerzas, sea con las sobrehumanas vicisitudes del padecer y cansarse por la noche, sea con el trabajo durante el día. Su vivir por tanto se reduce casi a un milagro continuo.

A su gran desapego de toda ganancia que no se procure con sus manos, se añade su firmeza en no haber querido nunca aceptar un porcentaje, que por derecho le pertenecería como propiedad literaria de la publicación y venta de “El Reloj de la Pasión”. Obligada por mí a no rehusarlo, ha contestado:

"Yo no tengo ningún derecho, porque el trabajo no es mío, sino de Dios”.

Yo no prosigo. La vida es más celestial que terrena, de esta Virgen Esposa de Cristo, que quiere pasar por el mundo ignorada y desconocida, no buscando más que sólo a Jesús y a su Stma. Madre, que ella llama la Mamá, la cual ha tomado a esta alma elegida bajo una particular protección”.