Los Escritos de Luisa (Primera parte)

Hace falta precisar que todo lo que ha escrito no es fruto del talento de una escritora, sino de su obediencia a la Iglesia, a la autoridad de sus Confesores, uno de los cuales fue San Aníbal María Di Francia.

Por consiguiente no es fácil literatura mística, como la de quienes desean dar a conocer sus propias presuntas visiones o revelaciones sobrenaturales; se trata por el contrario de un doloroso testimonio, de una vida crucificada por amor, durante largos años de cama, vividos por Luisa como Víctima en la oración y en el silencio, en el anonimato y en la obediencia. Y sólo la obediencia logró que escribiera, con inmensa violencia que Luisa tuvo que hacerse a sí misma.

Así pues, los treinta y seis volúmenes de su diario han sido escritos, no por la cultura, por el arte de una escritora o por el deseo de difundir sus visiones o mensajes, no son fruto de un misticismo falso y peligroso, sino de la “Señora Obediencia”.

Sus Escritos nos muestran, nos ofrecen todo el dolor y el Amor de Jesús, y con él el Don de los dones, el Don supremo de su Querer, para que, come es Vida de Dios, así sea vida de sus hijos (el Reino de Dios que la Iglesia invoca y al cual se prepara: que la Divina Voluntad sea en la tierra lo que es en el Cielo); pero todo ésto llega hasta nosotros por medio de la vida inmolada de Luisa.

Ella puede decir con San Pablo: “Si nuestro evangelio permanece velado, lo es para aquellos que se pierden, a los cuales el dios de este mundo ha cegado la mente incrédula, para que no vean el esplendor del glorioso evangelio de Cristo, que es imagen de Dios. Pues nosotros no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo el Señor. En cuanto a nosotros, somos vuestros servidores por amor a Cristo. Y Dios, que dijo “brille la luz en las tinieblas”, resplandeció en nuestros corazones, para hacer resplandecer el conocimiento de la gloria divina que resplandece en el rostro de Cristo. Sin embargo nosotros llevamos este tesoro en vasos de barro, para que se vea que la potencia extraordinaria viene de Dios y no de nosotros, pues pasamos tribulaciones por todas partes, pero no nos aplastan; angustiados, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; heridos, pero no muertos, llevando siempre y a todas partes en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo” (2ª Cor 4,3-10).

Luisa posee (y nos ofrece) un tesoro preciosísimo en su pobre vaso de barro: ante todo, la Pasión de Jesús en ella, y luego el Querer Divino que reina en ella. No es el recipiente lo que ennoblece el contenido, sino que es al contrario. Luisa es sin duda (desde un punto de vista humano) una pobre criatura, una de esas personas que a los ojos del mundo “no cuentan”. Pero estas cosas el Padre se complace en revelarlas a los pequeños, mientras que las esconde a los sabios y “prudentes”. El Señor le asegura que, si hubiera encontrado otra más pequeña y más pobre que ella, a esa se hubiera dirigido para encomendarle esta misión. Sus caminos no son los nuestros. A nosotros no nos queda más que contemplar asombrados, estremecernos de alegría y adorar en silencio.

Por orden de su Confesor, Don Gennaro Di Gennaro, o sea, por voluntad de la Iglesia, Luisa empezó a escribir. Era el 2° Volumen, el 28 de febrero de 1899.
Luisa temía que pudieran ir a manos de otros. Sólo con el tiempo y con la obediencia a sus Confesores, se convenció de que se debían publicar.

1 – ¿Para qué sirven estos Escritos?

“Este escrito servirá para hacer que se conozca Quién es el que te habla y que ocupa tu persona; y luego, si a tí no te sirve, mi luz servirá a otros que leerán lo que te hago que escribas”.(21.09. 1899)

2 – ¿Qué cosa son estos Escritos?

“Sabe que todo lo que te hago escribir, o sobre las virtudes o con algún ejemplo, no es más que hacer que te pintes tu retrato y la perfección a la que he hecho llegar tu alma”.(22.09.1899).

3 – ¿Hay errores en los escritos de Luisa, en los que Jesús le guía la mano?

“Estaba pensando: «¡Quién sabe cuántos disparates, cuántos errores hay en estas cosas que escribo!»
En ese momento he sentido que perdía el conocimiento, y Jesús bendito ha venido y me ha dicho:“Hija mía, también los errores servirán para que se conozca que no hay ningún artificio por tu parte, ni que tú eres una persona instruida, porque si lo fueras, tú misma te habrías dado cuenta dónde te equivocabas,y eso también hará que resplandezca más que soy Yo el que te habla, viendo la cosa con sencillez; pero te aseguro que no encontrarán sombra de vicio ni nada que no indique virtud, porque mientras tú escribes, Yo mismo te estoy llevando la mano; todo lo más podrán hallar algún error a primera vista, pero si lo consideran bien, encontrarán la verdad.”(08.01.1900).

4 – Escribir fue uno de los más grandes sacrificios para Luisa; lo hizo sólo por obediencia:

“Mientras escribía, estaba pensando: «¡Quién sabe cuántos errores hay en estos escritos! Merecen ser echados al fuego. Si la obediencia me lo permitiera lo haría, porque siento como un peso en mi alma, sobre todo si alguien llegara a verlos, ya que en ciertos puntos hacen ver como si amara e hiciera algo por Dios, mientras que no hago nada y no Lo amo, y soy el alma más fría que puede haber en el mundo, y así me considerarían diferente de lo que soy, y eso es una pena para mí; pero como es la obediencia la que quiere que escriba, siendo para mí uno de los más grandes sacrificios, por eso me abandono del todo a ella, con esperanza segura de que me excusará y me justificará ante Dios y ante los hombres».
Pero mientras digo eso, Jesús bendito se ha movido en mi interior, me está regañando y quiere que desdiga lo que he dicho. Al venir, Jesús bendito ha respondido a mi pensamiento diciendome: “Seguro que merecen ser quemados estos escritos tuyos, ¿pero quieres saber en qué fuego? En el fuego de mi Amor, porque no hay página que no manifieste claramente de qué modo amo las almas, tanto si son cosas que se refieren a tí, como si se refieren al mundo; y mi Amor en estos escritos tuyos encuentra un desahogo a mis preocupados y amorosos lamentos.” (10.10.1900).

5 – Los Escritos pueden tener errores de gramática, pero no contra la doctrina cristiana. La prueba de que Luisa no es un ilusa, sino que la obra es de Dios, está precisamente en sus escritos:

“…Han venido dos sacerdotes y el Niño se ha retirado en brazos de uno de ellos, diciendome que yo hablara con el otro, el cual quería saber de mis escritos y uno por uno los estaba revisando. Así que yo, temiendo, le he dicho: «¡Quién sabe cuántos errores hay en ellos!».
Y él, con una seriedad afable, ha dicho: «Qué, ¿errores contra la ley cristiana?» Y yo: «No, errores de gramática». Y él: «Eso no es nada».
Y yo, tomando confianza, he añadido: «Temo que todo sea una ilusión».
Y él, mirandome a la cara, ha repetido: «¿Crees tú que tengo necesidad de revisar tus escritos para saber si eres una ilusa o no? Yo, con dos preguntas que te hago, sé si el que obra en tí es Dios o el demonio. Primero, ¿crees tú que todas las gracias que Dios te ha concedido te las has merecido tú, o ha sido un don y una gracia de Dios?» Y yo: «Todo ha sido gracia de Dios».
«Segundo, ¿crees tú que en todas las gracias que el Señor te ha dado, tu buena voluntad ha prevenido la gracia, o la gracia te ha prevenido a tí?»
Y yo: «Sin duda, la gracia me ha prevenido siempre».
Y él: «Estas respuestas me hacen saber que tú no eres una ilusa».”(03.12. 1904).

6 – Luisa ha tenido que escribir también sus dudas y sus penas. Jesús quiere que cuando escribe sea más precisa y exacta y que diga todo, porque servirá a los demás:

“Hija mia, quiero que seas más precisa, más exacta, que manifiestes todo al escribir, porque muchas cosas las saltas, si bien para tí las tomes sin escribir, pero muchas cosas servirán a los demás”.Yo, al oir eso, me he sentido confusa, porque verdaderamente lo hago, y es tan grande mi repugnancia de escribir, que sólo los milagros que sabe hacer la obediencia podían vencerme, porque por mi voluntad no sería capaz de escribir ni siquiera una coma.”(04.05.1906).

7 – ¿Qué cosa son estos Escritos, queridos por Jesús?

“Sumo Bien mío, mi deseo es que no quisiera escribir más. ¡Cuánto me pesa! Si no fuera por el temor de salirme de tu Querer y disgustarte, no lo haría”.
Y El, interrumpiendome, ha añadido: “Tú no quieres y Yo sí quiero. Lo que te digo y que tú por obediencia escribes, por ahora te sirve de espejo a tí y a quienes te dirijen; llegará un tiempo en que servirá de espejo a los demás. De manera que lo que tú escribes, dicho por Mí, se puede llamar espejo divino; ¿y tú quisieras quitar este espejo divino a mis criaturas? Piensalo seriamente, hija mía, y no quieras reducir todo este espejo de Gracia con no escribir.”(13.10.1906).

8 – El Señor se alegra mucho cada vez que Luisa escribe, porque su Amor se desahoga; pero si ella no escribe todo, Jesús siente su amor traicionado:

“Hija mía, cada vez que escribes mi Amor recibe un pequeño desahogo, un nuevo contento, y me siento más inclinado a comunicarte mis gracias. Debes saber sin embargo que cuando no escribes todo, o bien pasas por alto mis intimidades contigo, el desahogo de mi Amor, Yo me siento como traicionado, porque con ese desahogo de amor, con esas intimidades contigo Yo no sólo busco atraerte para que me conozcas y me ames más, sino también a los que habrían leído mis intimidades de amor, para recibir también de ellos un nuevo amor, y si tú no escribes, no recibiré ese amor y Yo me quedaré dolorido y como traicionado”. (14.06.1918).

9 – La palabra de Jesús es un Sol y Luisa debe escribir para bien de todos:

“Hija mía, ¿por qué no escribes? Mi palabra es luz y, como el sol resplandece en todos los ojos, de forma que todos tienen luz suficiente para todas sus necesidades, así cada palabra mía es más que un sol, que puede ser luz suficiente para iluminar cualquier mente y calentar cada corazón. De modo que cada palabra mía es un sol que sale de Mí, que por ahora te sirve a tí y que escribiendola servirá a otros, y tú, no escribiendola, llegas a sofocar ese sol en Mí y a impedir que mi Amor se desahogue y haga todo el bien que podría hacer un sol”.
Y yo: “Ah, Jesús mío, ¿quién irá a calcular en el papel las palabras que Tú me dices?”
Y El:“Eso no te importa a tí, sino a Mí, y aunque no se calcularan, cosa que no será, los muchos soles de mis palabras surgirán majestuosos, sirviendo para el bien de todos. Por el contrario, no escribiendo, impedirías que el sol surja y harías tanto mal como alguien que pudiera impedir que el sol surgiera en el cielo azul; ¿cuántos males no haría a la tierra? El sol a la naturaleza y tú a las almas. Y además, la gloria del sol es brillar majestuoso y tomar como en su mano la tierra y a todos, con su luz; el mal es para el que no lo aprovecha. Así será del sol de mis palabras: será gloria mía hacer que surjan tantos distintos soles, encantadores y bellos, cuantas son las palabras que digo; el mal será de quien no las aprovecha”. (27.12.1918).

10 – En estos Escritos todo es doctrina de Jesús:

“De tí no hay nada, sino que todo es doctrina mía. Tú no has sido más que una escribana, y sólo porque te he escogido, ¿querrías sepultar mis enseñanzas y por consiguiente también mi gloria?”. “…Si he escrito ha sido sólo por obediencia y por temor de que Tú te disgustaras”. (02.06.1921).

11 – Quien lea estas verdades, si está mal dispuesto, no entenderá nada:

“Si leen estas verdades y estan indispuestos, no entenderán nada, quedarán confundidos y deslumbrados por la luz de mis verdades; pero para los que estan dispuestos será luz que los iluminará y agua que les apagará la sed, y no querrán separarse jamás de estos canales por el gran bien que sentirán y por la nueva vida que correrá en ellos. Por eso, tú también deberías estar contenta de abrir estos canales en favor de tus hermanos, no descuidando ninguna de mis verdades, incluso la más pequeña, porque, por más pequeña que sea, puede servir a un hermano tuyo para sacar agua. Por tanto sé atenta para abrir estos canales y acontentar a tu Jesús que tanto ha hecho por tí.” (23.10.1921).

12 – Alegría de Jesús cuando se escribe de El. Luisa tiene que aparecer en estos Escritos:

“Hija mía, ¿sabes por qué estoy tan contento? Toda mi alegría y mi fiesta es cuando veo que escribes. Veo narrar en las palabras escritas mi gloria, mi vida. El conocimiento de Mí se multiplica cada vez más; la luz de la Divinidad, la potencia de mi Voluntad, el desbordamiento de mi Amor, los veo escritos en el papel, y Yo siento en cada palabra la fragancia de todos mis perfumes. Después veo que esas palabras escritas corren, corren en medio de los pueblos, para llevar mis conocimientos nuevos, mi amor desbordante, los secretos de mi Querer… ¡Oh, cómo me alegro, que no sé que te haría cuando escribes! Y cuando tú escribes cosas nuevas que a Mí se refieren, así voy Yo inventando nuevos favores para recompensarte y me dispongo a decirte nuevas verdades, para concederte nuevos favores. Yo siempre he amado más y he reservado gracias más grandes a quienes han escrito de Mí, porque son la continuación de mi vida evangélica, los portavoces de mi palabra, y lo que no dije en mi Evangelio me reservé decirlo a quienes habrían escrito de Mí. Yo no terminé entonces de predicar, Yo debo predicar siempre, mientras existan las generaciones”.

Y yo: “Amor mío, escribir las verdades que Tú me dices es sacrificio, pero el sacrificio se siente más duro y casi no siento la fuerza de hacerlo, cuando me obligan y me fuerzan a escribir mis intimidades entre Tú y yo y lo que a mí se refiere, que no sé qué haría por no poner nada por escrito”.

Y Jesús:“Tú quedas siempre al márgen; es de Mí que hablas siempre, lo que Yo te hago, cuánto te quiero y hasta dónde llega mi amor a las criaturas. Esto moverá los demás a amarme, para que también ellos puedan recibir el bien que te hago a tí. Y además, este mezclarte a tí y a Mí en lo que escribes también es necesario, de lo contrario se diría: ¿A quién le ha dicho ésto? ¿Con quién ha sido tan generoso en favorecerle? ¿Tal vez al viento, al aire? ¿No se dice en mi Vida que Yo fui tan generoso con mi Madre? ¿Que hablé a los Apóstoles, a las gentes y que curé a un determinado enfermo? Por lo tanto, todo es necesario, y ten por seguro que en lo que escribes, siempre es a Mí a quien haces conocer más”. (14.02.1922).

13 – Nada se debe ocultar; también Luisa debe aparecer en los Escritos:

“La santidad de las otras virtudes es suficientemente conocida en toda la Iglesia y el que quiere puede copiarla; por eso no me he preocupado de multiplicar su conocimiento. Pero la santidad del vivir en mi Querer, sus efectos, el valor que tiene, la última pincelada que mi mano creadora dará a la criatura para hacerla semejante a Mí, no se conoce todavía; por eso es toda mia premura de que salga todo lo que te he dicho, y si tú no lo hicieras estarías como impidiendo mi Querer, aprisionando las llamas que me devoran y haciendo que se retrase la completa gloria que me debe la Creación. Sólo quiero que las cosas salgan ordenadas, porque una palabra que falte, un nexo o una conjunción, una frase interrumpida, en vez de dar luz me oscurecerán y en vez de hacer que me den gloria y amor, las criaturas quedarán indiferentes. Por eso, sé atenta. Lo que Yo he dicho, quiero que salga completo”.
Y yo: “Pero para poner toda la parte tuya entera, me veo obligada a poner parte de la mía”.
Y Jesús:“¿Y qué quieres decir con eso? Si el camino lo hemos recorrido juntos, ¿quieres que aparezca Yo sólo? Y luego, ¿a quién tengo que indicar y poner como ejemplo que imitar, si aquella a quien he enseñado y que tiene práctica del modo como se vive en mi Querer no quiere ser conocida? Hija mía, eso es absurdo”. (16.07.1922).

14 – Es necesario decir que todas estas verdades han sido dichas por Nuestro Señor, sin ocultarlo:

“Haciendo copiar de mis escritos, conforme a la obediencia al Confesor, lo que Jesús me había dicho sobre las virtudes, yo quería hacerlo copiar sin decir que me lo había dicho Jesús; y El, al venir, quejandose me ha dicho:
“Hija mía, ¿por qué quieres ocultarme? ¿Es que soy Yo un deshonrado, que no quieres que se me nombre? Cuando se dice una cosa buena, algún dicho, una obra, una verdad de una persona deshonrada, no se quiere decir quien sea para no perder la estima, la gloria, el prestigio y el efecto que hay en ese bien, en ese dicho, etcétera, porque si se dice quién es no será apreciado y perderá todo su valor, sabiendo que la fuente de donde viene no merece ningún aprecio, mientras que si es una persona digna y honrada, antes se dice su nombre, para que resalte y se aprecie más lo que ha dicho o hecho, y luego se dice lo que ha hecho o dicho. ¿Así que Yo no merezco que mi nombre vaya po delante de lo que he dicho? ¡Ay, qué mal metratas!…” (30.07.1922).

15 – Jesús quiere absolutamente que su Voluntad sea conocida; no tolera el silencio sobre ella:

“Hija mía, ¿qué tienes? ¿Por qué te aflijes tanto? Es mi gloria, mi honor el que lo pide, y tú deberías estar contenta. ¿Crees que son las criaturas las que lo quieren, las que hacen y te mandan? No, no, soy Yo, que derribo todo, que las empujo, que las ilumino, y muchas veces no me escuchan, de lo contrario se darían más premura y tendrían más interés, y Yo me veo obligado a empujarles más fuerte, para hacer que se cumpla mi Querer. Tú quisieras esperar hasta después de tu muerte, pero mi Querer no quiere esperar. Y además, es verdad que tú tienes la conexión, el injerto con mi Voluntad, pero aquí no se trata de tí, sino de Mí; se trata de hacer que se conozcan los efectos, las cualidades, el valor que tiene mi Querer operante en la criatura, cuando ésta vive en él.
Y luego, si no quieres interesarte tú, que conoces cuánto me interesa y cómo anhelo ardientemente que se conozcan los efectos de mi Querer, del cual recibiré la gloria completa de la Creación y el cumplimiento de la misma Redención… –oh, cuántos efectos aún están suspendidos, tanto de la Creación como de la Redención, porque no se conoce mi Querer y no tiene su verdadero reino en la criatura y, al no reinar, la voluntad humana sigue siendo esclava de sí misma–, te crees tú que se interesarán los demás después de tu muerte? ¡Oh, cuántas cosas que he manifestato a las almas están sepultadas, por no haber quien se interese por mis obras! Pero si he tolerado otras, ésta de mi Voluntad no la tolero. Daré tanta gracia a quien se entregue a la obra, que no podrá resistir, pero la parte más importante y esencial la quiero de tí.”(15.09.1922).

16 – Jesús quiere que Luisa escriba todo, porque servirá a los demás:

“En muchas cosas me faltan las palabras; otras, siendo tantas, no sé decirlas por orden y me parece que las pongo desordenadas por escrito, pero Jesús parece que lo tolera, basta que las escriba, pero si no lohago me regaña diciendome: “Ten cuidado, que no son cosas que han de servir sólo a tí, sino también han de servir a los demás”. (20.04.1923).

 

17 – Cuánto bien harán estos Escritos a la Iglesia:

Hija mía, (…) en mi omnividencia veo que estos escritos serán para mi Iglesia como un nuevo Sol que surgirá en medio de ella, y los hombres, atraídos por su luz refulgente, se aplicarán para convertirse en esa luz y ser espiritualizados y divinizados, por lo cual, renovandose la Iglesia, transformarán la faz de la tierra.
La doctrina sobre mi Voluntad es la más pura, la más bella, no sujeta a sombra de materia o de interés, tanto de tipo sobrenatural como de tipo natural. Por eso será, a modo de sol, la más penetrante, la más fecunda y la más bienvenida y acogida, y siendo luz, por sí misma se hará comprender y se abrirá camino. No estará sujeta a dudas, a sospechas de error, y si alguna palabra no se entenderá será por su demasiada luz, que eclipsando la inteligencia humana, no podrán comprender toda la plenitud de la verdad, pero no hallarán una palabra que no sea verdad; todo lo más, no podrán comprenderla del todo. Por eso, en vista del bien que veo, te exhorto a que no dejes de escribir nada. Una frase, un efecto, una semejanza sobre mi Voluntad puede ser como rocío benéfico sobre las almas, como es benéfico el rocío sobre las plantas después de un día de sol ardiente o como una lluvia abundante después de largos meses de sequía. Tú no puedes comprender todo el bien, la luz, la fuerza que hay en una palabra, pero tu Jesús lo sabe y sabe a quien ha de servir y el bien que ha de hacer”.
Y mientras así decía, me hacía ver en medio de la Iglesia una mesa y todos los escritos sobre la Divina Voluntad colocados encima. Muchas personas con veneración rodeaban la mesa y salían transformadas en luz y divinizadas y, mientras caminaban, comunicaban esa luz a los que encontraban.
Y Jesús ha añadido: “Tu verás desde el Cielo el gran bien, cuando la Iglesia recibirá este alimento celestial, que, fortificandola, la hará resurgir en su triunfo pleno”. (10.02.1924)

18 – Es necesario que Luisa escriba todo, porque grande será el bien que harán estos Escritos:

“Hija mía, ánimo, no te abatas. Si no fuera necesario que tú escribieras, no te habría obligado al sacrificio. Tú debes saber que cada efecto, cada bien, cada valor que te hago conocer sobre mi Voluntad y lo que la criatura puede hacer viviendo en Ella, son otros tantos cebos, gustos, atractivos, alimentos, armonías, perfumes, luces; de modo que cada efecto que te digo tiene una característica distinta. Por tanto, si no manifestaras todos los bienes que hay en mi Querer y hasta donde puede llegar el alma viviendo en El, harías faltar un cebo para atraparlas o un gusto para seducirlas, o bien un atractivo para atraerlas o un alimento para saciarlas, y así faltaría la perfecta armonía, el placer de los perfumes, la luz para saber por dónde ir; y por eso, no hallando todos los bienes posibles, es decir, no conociendolos, no tendrían ese gran deseo de elevarse sobre todas las demás cosas para vivir en mi Voluntad”. (22.03.1924).

19 – En estos Escritos, que son de Jesús, todo es claro y ordenado y nada se debe cambiar:

“Esta mañana, mientras me encontraba en mi estado habitual (no sé si era un sueño), veía a mi Confesor difunto, y me parecía que cogía una cosa retorcida de dentro de mi mente, la arreglaba y la desenredaba. Yo le he preguntado por qué hacía eso y él me ha dicho: “He venido para decirte que estés atenta al orden, porque Dios es orden, y basta que una frase, una palabra de lo que te dice el Señor, tú no la digas como es, y ya no es conforme al orden y puede provocar dudas y dificultades en quien pueda leer lo que escribes sobre su adorable Voluntad”.

Yo, al oir eso, he dicho: “¿Es que sabe Usted si he escrito cosas desordenadas hasta ahora?”Y el Confesor: “No, no, pero pon atención en lo sucesivo. Haz que las cosas que escribes sean claras y sencillas como te las dice Jesús, sin omitir nada, porque basta una pequeña frase, una palabra que falte, de lo que te dice Jesús, o que la escribas de otra forma, para que falte el orden, porque hasta las mínimas expresiones sirven para dar luz, para que se comprenda con mayor claridad el sentido y para relacionar el orden de las verdades que el buen Jesús te manifiesta. Tú dejas fácilmente muchas cosas pequeñas, mientras que las pequeñas atan las grandes y las grandes las pequeñas. Por eso sé atenta en el futuro, para que todo esté bien ordenado”.(14.06.1924).

20 – Jesús bendice y reune estos Escritos, que son una parte de El mismo:

“…Mi dulce Jesús iba tomando todos los libros escritos por mí, los reunía, se los estrechaba al corazón y con una ternura indecible ha añadido: “Bendigo de corazón estos escritos, bendigo cada palabra, bendigo los efectos y el valor que tienen. Estos escritos son una parte de Mí mismo”.

Luego ha llamado a los ángeles, los cuales se han postrado con el rostro en el suelo orando, y estando presentes dos Padres que debían ver los escritos, Jesús ha dicho a los ángeles que les tocaran la frente para imprimir en ellos el Espíritu Santo y así infundirles la luz para hacerles comprender las verdades y el bien que hay en estos escritos. Los ángeles así lo han hecho y Jesús, bendiciendonos a todos, ha desaparecido.” (17.09.1924).